Lunes 18 Diciembre 2017

El azarbe: La sequía actual: un desastre agroambiental

Como hemos comentado en diversas ocasiones en este Azarbe: agricultura, ganadería y medioambiente están estrechamente relacionados. Tristemente, todo ello se está viendo amenazado por uno de sus peores enemigos: la sequía.

Un largo periodo de escasísimas precipitaciones que está desecando nuestro ya de por sí árido monte, haciendo que el Ebro baje con un caudal muy bajo y los embalses que regulan dicho caudal estén bajo mínimos. No sabemos cuánto puede durar esta situación, pero el mundo agrícola tiene encendidas todas las alarmas. Se dice que es la peor sequía en los últimos 20 años. Obviamente, hay zonas de la península peor que otras. Especialmente mal están las cuencas del Duero, el Júcar, el Segura y Galicia; pero nuestra comarca, ya de por sí con una pluviometría muy baja, no escapa del problema.

Según datos de la última semana de noviembre, los embalses de la cuenca del Ebro están al 43% de su capacidad. Pero algunos de ellos, los que más afectan a nuestros regadíos, están aún peor: Yesa 24%, Sotonera 32%, Calanda 33%, Mediano 20% y El Grado 73% (el único que mantiene un nivel normal). Es decir, según el embalse tenemos entre un 10% y un 25% menos de agua almacenada que la media de los 10 últimos años. Los embalses cumplen una triple función: abastecer a las zonas urbanas (industria y agua para beber); suministrar agua para regar los cultivos agrícolas; y generar electricidad. En los dos primeros usos, una fuerte sequía hidrológica como ésta puede llevar a restricciones de consumo y/o riego. Que se produzca menos electricidad en las centrales hidroeléctricas (que es barata y limpia, ya que no contamina), encarece su coste. Pero además, esta energía debe ser sustituida por otras mucho más contaminantes. En España se suele producir con carbón y gas, lo que genera CO2. Un gas de efecto invernadero que, además de contaminar, repercute negativamente en el cambio climático.

¿Y de qué otras formas afecta la sequía y la escasez de agua a nuestra agricultura y medioambiente? Múltiples. Para empezar, en estas fechas se está sembrando el cereal de invierno: cebada, trigo, avena,... Los secanos están completamente secos, con lo que la semilla no germinará hasta que no haya lluvia y tenga humedad para hacerlo. Peor es la situación en algunas zonas donde sembraron antes. Allí el grano germinó con las escasas lluvias de finales de octubre y ahora sus pequeñas raíces se están secando. En nuestra huerta se está regando para que nazca el cereal (antes o después de su siembra), lo que enfría y compacta la tierra, además de suponer un nuevo gasto de agua. Los temperos del cielo son siempre mucho mejores... Todo esto (si no llueve pronto y abundante) repercutirá negativamente en las cosechas y producciones de cereal, cuya consecuencia derivada será menos alimento (piensos) para la ganadería.
Otro de los productos agroambientales que se ven muy mermados en años de sequía son las setas. Su nascencia y proliferación está completamente relacionada con la humedad. Por ejemplo, esta campaña casi no hay setas en zonas tradicionalmente abundantes como el Gúdar-Javalambre o el Maestrazgo en Teruel.

Por otro lado, si no llueve, tampoco suele nevar. El sector del esquí se ve afectado teniendo que gastar más en producción de nieve artificial; lo que supone un nuevo e indeseado consumo de agua. Además, la nieve es una importante reserva que se materializa en agua con el deshielo en la primavera. Poca nieve es sinónimo de menos agua futura para los pantanos.
Por último, citar los efectos de la sequía en los ecosistemas que nos rodean: la ausencia de lluvia supone menos vegetación en el monte y la ribera; menos alimento para aves y animales, que reducirán su población; más algas por el bajo caudal del río; además de más aridez y erosión en nuestros suelos. Solo hay que ver las polvaredas que se levantan en caminos y laderas o en los campos al sembrar...

En fin, un cúmulo de circunstancias, todas ellas negativas, que acompañan a una sequía severa como la actual. Ciertamente las lluvias no dependen de nosotros. Pero el cambio climático sí y éste sí afecta a la lluvia. Aunque lo niegue Donald Trump, actual presidente de los Estados Unidos. Por eso, además de pedirle al cielo, debemos esforzarnos en vivir respetuosamente hacia el medioambiente. Cambiar un poco nuestras formas de vida, producción y consumo, para cambiar lo menos posible el clima y el planeta.

 

Dani Budría, sociólogo

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