Jueves 23 Noviembre 2017

Víctor Sariñena, un sastaguino para el recuerdo

El pasado 6 de octubre nos comunicaron la triste noticia del fallecimiento de Víctor Sariñena. Víctor, cronista oficial de Sástago, colaboró durante muchos años de forma desinteresada escribiendo una columna mensual en la Crónica de la Ribera Baja del Ebro primero y en la edición impresa de Zafarache después, hasta mayo de 2015, cuando sus problemas de salud le obligaron a dejar de escribir.

Desde aquí, le queremos enviar nuestro más sentido pésame a la familia.

Seguro que Víctor, allá dónde esté, ha cogido sitio privilegiado para seguir viendo lo que ocurre en su amado Sástago desde las alturas. Y queremos también rendirle un pequeño homenaje recuperando una parte de una entrevista que el también sastaguino Antonio Enfedaque le realizó en el año 2010. En ella, Víctor habla de su apasionante vida y de sus recuerdos, siempre ligados al estudio de la cultura, la historia, las tradiciones y la investigación de todo lo concerniente a Sástago.

¿Nos puedes decir la fecha de tu nacimiento?

En una casa de la calle San Miguel de Sástago, donde vivían mis padres; nací un 21 de julio de 1929. Como era costum¬bre en la época, fui bautizado al día, siguiente, siendo madrina mi abuela paterna Leoncia Diestre Hijar.

De los maestros que tuviste ¿recuerdas, en especial, con gratitud a alguno? y si es así ¿nos puedes decir por qué?

Realmente mi memoria, es de la primera etapa de párvulos en la escuela de la Plaza del Granero, con la joven y pizpireta maestra doña Amparo, a la que le aplicamos el diminutivo de Amparíto, entrañable mujer recordada siempre por su paciencia en la tarea de enseñar a leer y escribir. En el final de curso hacíamos pequeñas muestras de teatro infantil. La impronta que nos dejó es la mejor prueba de gratitud que se puede expresar. Allí se forjaron los buenos amigos, que lo fueron toda la vida, algunos desgraciadamente ya no están entre nosotros. Solo quedan de la cuadrilla Joaquín Royo Peña e Ismael Idoype Mayayo, mi mejor amigo de siempre.

En 1936 se inicia la Guerra Civil, tienes 7 años, y me gustaría que nos comentases lo que recuerdas de este periodo.

Fue el año en el que llegamos a las nuevas escuelas graduadas, naturalmente al primer nivel. Eran fechas en las que se cernían momentos inquietantes y perversos para todos, en especial para las niñas y niños que, en su mayoría, no podrían aspirar a hacer estudios superiores. Con el estallido de la guerra civil, las actividades docentes quedaron suspendidas. Los edificios fueron habilitados como hospital de Cruz Roja. Durante esa suspensión, recibí enseñanza en casa de Teresa Gracia Sanz, maestra, hija de familia vecina y amiga. Pasado el penoso ciclo se reanudaron las clases. El profesorado volvió a cumplir con su trabajo docente. Los de mi generación pasamos al tercer grado, con Don Daniel Federío Martínez, gran maestro que fue destinado a nuestro pueblo en el año 1934, impartiendo sus enseñanzas y beneficiándonos un gran número de alumnos. Hacia 1943, cayó víctima de una terrible enfermedad progresiva, perdió la voz y esto le hizo ser apartado de las clases. Se despidió de todos nosotros y le sustituyó en la terminación de ese curso, otro gran maestro, Don José Galán. Como recuerdo hay una placa en lo que fue su obra y una calle que lleva su nombre y que perpetúa su memoria.

Terminado el periodo escolar, que no sería muy largo ¿Cuáles fueron tus principios, en el mundo del trabajo?

En el verano de 1943, cumplida la fase escolar, entré a trabajar en la cuchillería, guiado por la sería y eficaz maestría de Dionisio Liso Enfedaque. Lo primero que aprendí de él fue el concepto ético en el trabajo. Junto con el también maestro Vicente Mañez trabajábamos los tres. El abuelo Saturnino leía el periódico y, en alguna ocasión, solía preparar algunas navajas de mango de carrasca (la típica sastaguina). Cuando se cumplía el ecuador de mi estancia en el taller, entró un nuevo aprendiz, José Palacios Minguillón. En total, trabajé allí cinco años; cuando lo dejé lo sentí muchísimo, me gustaba el oficio, pero como joven inquieto tenía la ambición de conocer y descubrir nuevos horizontes.

¿Cómo se inició tu marcha a Chile? ¿Deseos de nuevas oportunidades laborales, familiares o fue un poco de todo?

Un primo hermano de mi padre, instalado en la ciudad de Osorno, Chile, me ofreció una buena perspectiva laboral, a la que se sumaba una ambición por mi parte de ampliar conocimientos, estudios y despejar espacios.

Tu vocación por el teatro la llevas dentro desde muy joven, pero es en Chile donde tienes la oportunidad de formarte en radio, teatro y periodis¬mo ¿qué nos puedes comentar de esto?

Mi gran vocación es el teatro. La empecé aquí de niño con el grupo artístico local. En Chile se me abrieron las puertas al ingresar primero Radio teatro, de la Emisora SAGO, Sociedad agrícola y ganadera Osorno, después teatro y periodismo. Hice estudios de Humanidades y algún curso de inglés en el Instituto Chileno-Norteamericano de cultura. En la escuela de invierno de la Ciudad, dependiente de la Universidad de Chile, Departamento de Extensión Cultural, cursé aspectos de Producción Teatral con nota sobresaliente

¿Cuanto tiempo duró tu estancia en Chile y a que se debe tu regreso a España?

Estuve 11 años. A la muerte de mis dos tíos que llevaban el negocio y otro hermano más que murió en accidente, tomé la determinación de regresar a casa, ¡así lo hice! Ell 22 de enero de 1960 embarqué en el puerto de Valparaíso, en el vapor Antonioto Uso Di Mare de la Compañía ITALMAR, con destino Barcelona.

Llegado a nuestra tierra es en Zaragoza donde montas tu negocio de relojería, ¿Cuánto tiempo permaneces en la capital?

El negocio lo monté en el Barrio de Las fuentes, en la calle Rodrigo Rebolledo, 10, durante diez años. En ese período no hice nada periodístico, pero sí Radio-teatro, en la emisora Radio Juventud. También trabajé en el grupo de teatro en el que estaba Maruja, hicimos un par de obras. La corresponsalía de El Noticiero es muy posterior, la obtuve cuando ya había regresado al pueblo.

¿Cuándo decides regresar a Sástago?

Al perder a nuestro hijo, decidimos traspasar la relojería y venirnos a Sástago, Instalamos la relojería en la calle Mayor, 44. En ese tiempo, mi amigo Antonio Camps (que en paz descanse) me pidió que me encargara de la juventud primero, y meses después, a petición de El Noticiero, me pidió que fuese el corresponsal. Acepté y lo fui hasta su desaparición, creo recordar que unos cinco años, por supuesto guardo todas las crónicas que escribí.

Llegado a Sástago, tu colaboración con los temas locales relacionados con la cultura abarcan todos los campos: colaboración con los jóvenes, homenajes a mayores, teatro, asociaciones culturales, radio, televisión, colaboraciones con periódicos locales, presidente de varias asociaciones... ¿Qué es lo que más satisfacciones te ha proporcionado?

Guardo el mejor recuerdo del teatro, televisión y los homenajes a los mayores. Fui el primero en crear estos homenajes que empezaban con unos números musicales y una pequeña obrita de teatro escrita por mí. Al final, a los abuelos se les entregaba tabaco y caramelos a las abuelas. Estos festivales se hacían el día 16 de agosto, generalmente en el cine Moderno.

La asociación de Amigos del Monasterio de Rueda se funda en los años ochenta y eres elegido su primer presidente, ¿Qué nos puedes decir de estos primeros años?

Con la aparición de la Mancomunidad Meandros del Ebro, integrada por las poblaciones de La Zaida, Alforque, Cinco Olivas, Alborge, Sástago y Escatrón, se funda la Asociación Amigos del Monasterio de Rueda. En aquellos momentos se había recuperado parte de la iglesia, gracias a la aportación de Bellas Artes y Caja de Ahorros; en su Ábside estrenamos el 15 de mayo de 1980 Vida y Erosión del Monasterio de Rueda, de la cual soy el autor. A partir de ahí creamos el grupo de Teatro y comenzamos los ensayos de Luz de Gas, con la que recorrimos cantidad de localidades mediante una campaña de la Diputación Provincial. En 1982 asistimos al Festival de Teatro de Alfajarin, donde se me entregó el premio al mejor actor y mejor director.
Se montaron una docena de obras de gran calidad, como Llama un Inspector, de J.B. Príestley, La Vida es Sueño de Pedro Calderón de la Barca o Milagro en Casa de los López de Miguel Mihura. El teatro le dio a todo el grupo muchas satisfacciones.

También colaboraste con el funcio¬namiento de Radio Meandros, ¿De qué forma participaste en los programas?

En Radio Meandros solo participé en la etapa que dirigía Luis Serrano, con diálogos sobre temas populares e históricos relacionados con nuestro pueblo.
Al formarse el Canal Local de Televisión se te encomendó la dirección del mismo, ¿De los muchos programas que realizasteis, de cuál de ellos estás más satisfecho?
El Canal local se hizo con Pablo Tremps, Antonio Clavero, Esmeralda Sanz y yo mismo. A medida que se producían los programas se iban incorporando otras personas, como Francisco y Mari Paz, Maruja y finalmente Rosabel. No sabría decirte el programa que más me satisfizo, solo te diré que la experiencia fue muy enriquecedora en el sentido cultural
En el año 1998, el Ayuntamiento de Sástago te nombró Cronista Oficial, ¿Que significó para ti el nombramiento y que obligaciones te creó?
El nombramiento fue de carácter honorífico. Obligaciones no me impusieron, pero comprendo que mi deber es atender y cumplir con aquellas personas que solicitan información de temas locales.

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