Lunes 16 Septiembre 2019

Hígado y dolor de espalda

Habitualmente, nuestros órganos y vísceras, mucho tiempo antes de sufrir una enfermedad, pasan por una fase de disfunción, es decir, de mal funcionamiento. Cada órgano nos avisa con una serie de signos y síntomas propios que se pueden traducir en dolores reflejos y alteraciones en nuestros músculos y articulaciones.

Una disfunción del hígado puede provocar un dolor sordo en la zona dorsal derecha, que se extiende desde el omóplato derecho hasta la nuca. Se manifiesta como un dolor sordo, constante, que aparece con prevalencia al final del día y provoca rigidez matutina; mejora con la actividad física o el trabajo y empeora con el reposo. A nivel emocional, el hígado es el órgano que refleja la rabia y la ira, con lo cual no es de extrañar la aparición de este dolor tras un disgusto, discusión o situaciones de estrés continuado.

Otras veces nos encontramos con la aparición de tendinitis en el hombro derecho. Una disfunción hepática puede provocar que los desechos propios que genera el cuerpo no se eliminen adecuadamente por riñón e hígado. Así se acumulan en articulaciones y tendones. En el caso del hígado afecta a toda la musculatura rotadora interna del hombro, provocando un aumento del tono muscular que, si se mantiene en el tiempo, dará lugar a tendinitis de los músculos contrarios: rotadores externos y bíceps.

También es frecuente encontrarnos con cefaleas o dolores de cabeza. Se manifiestan como presión en ambos lados de la nuca, por una tensión mantenida de los músculos que se insertan es esta zona. Estas cefaleas suelen aparecer tras periodos de estrés y disgustos, con ciertos alimentos y pueden desaparecer al comer. A veces aparecen los fines de semana, al relajarnos o al final del día.

Además de estos síntomas, una disfunción hepática suele manifestarse por ictericia o color amarillo, acidez o reflujos, aparición de granitos o quistes sebáceos, piel grasa y acné, colesterol y triglicéridos altos (aunque se haga deporte y se lleve una dieta correcta), mal aliento, lengua blanquecina, heces poco consistentes o grasas, faringitis y laringitis recurrentes, insomnio y sudor nocturno...

El tratamiento a seguir sería eliminar por un tiempo aquellos alimentos perjudiciales para el hígado como chocolate, café, embutidos, leche y derivados, carnes rojas, cítricos... y fomentar aquellos que lo mejoran, sobre todo los que son de tendencia amarga: alcachofas, coles, espárragos, puerros,...

La fisioterapia irá encaminada en este caso en dos vertientes:

Una: corregir ese bloqueo dorsal, cervical o del hombro provocado por el hígado, así como relajar la musculatura afectada y tratar las estructuras musculoesqueléticas adyacentes.

Dos: trabajar la fascia del hígado, por si estuviera comprometiendo a otras estructuras.

Desde el punto de vista de la naturopatía podríamos tratar el problema mediante ayunos terapéuticos que ayuden a limpiar las vías de eliminación natural de nuestro cuerpo, apoyándonos en plantas y alimentos que mejoren la salud hepática y corrección de los malos hábitos alimenticios a través de un asesoramiento nutricional adecuado a las necesidades del paciente.

Desde el punto de vista psicológico habría que trabajar la gestión de estrés y la ira, ver de dónde viene, cuál es su origen para que no llegue a manifestarse a nivel físico. La danzaterapia es en este caso de gran ayuda.

En Curasana contamos con un equipo multidisciplinar que puede ayudar en algo tan global como es la disfunción hepática.

 

Pilar Jardiel, fisioterapeuta

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