Domingo 27 Septiembre 2020

30 centímetros de desidia

Que se desplace 30 centímetros una losa de un puente de un municipio de Zaragoza y se corte la circulación indefinidamente puede parecer una noticia sin más. Para mí, trabajando en ese municipio (Sástago) y en los otros nueve de esta comarca, significa la constatación (de nuevo) del abandono que sufren los municipios de Aragón (Teruel no existirá, pero esta parte de la provincia de Zaragoza tampoco) y lo poco que importamos.

Que se corte una carretera “sine die” ocasiona verdaderos trastornos para toda la población, y saca a la luz lo que parece que muchas personas no quieren ver: los estudiantes de un instituto (en su municipio no tienen y se desplazan en autobús todos los días lectivos) deberán hacerse unos 15 kilómetros más por una carretera llena de baches y agujeros que lleva años abandonada, lo que significará, al menos, unos 30 minutos más de viaje; decenas de personas que no tienen trabajo en su municipio y sí en otros, lo mismo (con el consiguiente gasto en combustible, por ejemplo, o los trastornos para su conciliación familiar); empresas de la zona que se basan en el transporte de materiales, por ejemplo, verán incrementados sus costes laborales y vitales al tener que cambiar sus rutas; un agricultor (que vive de lo que trabaja), lo mismo, ya que tendrá que acceder a sus campos con su tractor de manera diferente (si llega); y también un ganadero o un empresario que tiene una granja de pollos o de cerdos (a los animales hay que alimentarlos todos los días y cuidarlos, ese capricho tienen); muchos abuelos y abuelas que pensaban ver a sus nietos y nietas bailar las jotas que llevan ensayando todo el año para el certamen comarcal de dentro de siete días ya no van a poder asistir a una cita marcada en rojo en su calendario de casa; por no hablar de servicios de urgencias o de ambulancia o de bomberos, que no podrán desarrollar su labor (salvan vidas, no se olviden) de manera tan eficiente y eficaz al no poder pasar por el único puente que une esa zona, y no haber una alternativa real que no esté exenta de dificultades. Y así con todas las situaciones que uno pueda imaginar (podría seguir). Todas esas situaciones que desde Zaragoza no se ven o no se quieren ver (una de las desgracias que tiene esta zona es que la capital está cerca y lo fagocita todo). Y ya se sabe, lo que no se ve, no existe.

Tengo la suerte de hablar con muchas personas del territorio. Mi trabajo tiene mucho de escuchar y, sobre todo, de hacer según escucho. Hoy, una persona de un municipio, a raíz de la noticia, me ha comentado “nos sentimos abandonados”. Lo ha dicho con los ojos resignados, esos ojos que saben que llevan perdiendo la batalla muchos años. Pero yo tengo la esperanza de que no esté perdida, tiene que ser así. Porque la gente que habita este territorio tiene rasmia y no rebla fácilmente.

Así que sólo me queda pedir. Pedir a todos aquellos que tienen responsabilidades que dejen de hacerse fotos en los pueblos de Aragón (está muy bien que nos vengan a ver, pero no basta) y que se pongan las pilas para cuidar a las personas que viven en los municipios porque su inacción solo denotará la desidia más absoluta. Y esos 30 centímetros significan la vida de muchas personas de esta comarca.

 

 

Un trabajador de la Ribera Baja del Ebro

Ayuntamiento de Cinco Olivas
Ayuntamiento de Alforque

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