Domingo 25 Octubre 2020

Aplausos

El último número del zafarache impreso, el 98, es el periódico que más nos ha costado hacer de nuestra historia y también el que nunca imaginamos que llegaríamos a hacer. Un zafarache casi monotemático que hemos realizado prácticamente desde casa, con limitaciones técnicas importantes, pero, sobre todo, con el alma en vilo. Y con el corazón en un puño pero con el convencimiento de que informar es un derecho y un servicio público más necesario que nunca.

Sé que sabéis de lo que hablo. Me refiero a esa sensación de desasosiego que nos acompaña día y noche desde que un minúsculo bicho quiso arrasar con todo: con los planes, los sueños, las promesas, las previsiones económicas y la vida de nuestra Comarca. Y es que esto ya no va de egos ni de intereses o convicciones individuales. Esto va de parar la muerte y evitar que la pandemia nos deje un país irreconocible en todos los sentidos. 

Esto va de catarsis. De que la vida nunca será igual a partir de ahora, o por lo menos habrá un antes y un después. De que cambiarán nuestras prioridades, nuestros sueños y nuestros desvelos. ¿Quién no ha pensado aún en qué será lo primero que haga cuando se levante el confinamiento? En el primer abrazo, la primera visita, el primer paseo, la primera caricia… Los propósitos ya no son grandes, porque son las pequeñas cosas las que, de repente, se hacen grandes. Como decía el título de una película, esas cosas que hacen que la vida valga la pena.

Porque todos somos hoy seres heridos por el drama colectivo, un drama en el que solo vemos luz cuando pensamos en esos lazos invisibles que nos conectan con los demás y nos reconcilian con el mundo, como todas esas manos voluntarias que se afanan en nuestra comarca por desinfectar calles, coser mascarillas o atender a los más vulnerables. 

Y es que en toda crisis aparece lo mejor de cada uno de nosotros. Y en esta crisis sanitaria hay muchas cosas que merecen el aplauso de las ocho, como, desde luego, la entrega de los profesionales sanitarios, que se están dejando la piel en los hospitales sin la protección adecuada en muchos casos (ya habrá tiempo de volver a poner en el sitio que le corresponde a la sanidad pública que tan orgullosos nos hace sentir). También se lo merecen todos aquellos que no se pueden quedar en casa porque de su trabajo depende que tengamos comida en las tiendas, luz, calefacción e Internet en casa, la atención y el cuidado de nuestros mayores y dependientes, la limpieza en las calles o la información de todo lo que está pasando. Porque en nuestra crítica generalizada o particular a los medios de comunicación se nos olvida demasiadas veces que detrás hay personas que curran sin descanso -también estos días- para tratar de explicar una realidad tan compleja y con tantos matices como la que estamos viviendo.

Gran aplauso también el que se merece el ejército y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, por su inmensa labor velando por la seguridad de todos y tratando de hacer entrar en razón a la minoría de desaprensivos que aún no ha entendido que quedarse en su casa no es una opción, sino una obligación si queremos retomar nuestra vida lo antes posible y con el menor coste. Y otro merecido aplauso para todas esas empresas que, bien por salud pública o bien por no ser consideradas servicio esencial, han tenido que cerrar. Porque todos esos autónomos y esas Pymes que sostienen la economía de este país, en estos momentos, suman a la angustia sanitaria, la angustia de no saber si aguantarán la embestida o se verán abocados al cierre definitivo. 

Y, también, aplauso para los niños en particular y para la sociedad en general, porque España no es China. Y una sociedad como la nuestra, acostumbrada a vivir en la calle, en las terrazas y en los bares, ha aceptado con una resignación y una responsabilidad ejemplar las medidas impuestas por el estado de alarma. Y el último aplauso, y no por eso menos importante, es para los científicos y los investigadores porque, a pesar de que este país ha adelgazado de forma sistemática el apoyo a la investigación durante demasiados años, son muchos los que durante estos días trabajan a destajo para encontrar la solución definitiva a esta crisis, que vendrá, indudablemente, en forma de vacuna o de ensayo clínico.

Por eso, aunque he dicho que las crisis sacan lo mejor y lo peor, vamos a quedarnos con la enumeración de lo mejor. Con toda esa gente que cose mascarillas a docenas, con toda esa gente que no duda en prestar su ayuda para llevarle la compra al vecino, con toda esa gente que decide reconvertir la producción de sus empresas para comenzar a fabricar mascarillas o respiradores. O que ofrece voluntariamente su hotel para alojar a los enfermos menos graves, o que no duda en ceder los respiradores de su clínica veterinaria a la sanidad pública porque pueden salvar vidas. 

Porque es toda esa gente unida la que conseguirá que salgamos de esta. Porque depende de nosotros. Porque solo todos juntos seremos capaces de conseguir que la frase que inunda los cristales de nuestros balcones se convierta en una realidad: Todo irá bien. De nosotros depende.


Esther Aniento,  coordinadora de Zafarache

Ayuntamiento de Cinco Olivas
Ayuntamiento de Alforque

Calendario de Actividades

Octubre 2020
D L M X J V S
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31
Academia Belgravia

Vídeo destacado

PROMOCIONES