Jesús Morales Lleixá

Tras 18 años con Felisa Salvador al mando, el pasado 15 de diciembre, el actual alcalde de Quinto, Jesús Morales, se convertía en el nuevo presidente de la Comarca Ribera Baja del Ebro, una institución que conoce bien, en la que comenzó a trabajar como técnico de juventud con tan solo 20 años. Ahora, tras la jubilación de la anterior presidenta, coge las riendas de la Comarca con la firme intención de visibilizar más todos los servicios que esta entidad ofrece a los habitantes de sus 10 pueblos y dinamizar el tejido turístico de la zona.

¿Tú conoces ‘desde dentro’ la Comarca Ribera Baja del Ebro, ¿se podría decir que has vuelto a casa?

Sí, lo que pasa es que es una forma de volver a casa muy diferente. Yo empecé a trabajar aquí en el año 2007, y, en esta misma mesa, Felisa Salvador me entrevistó para ocupar una plaza temporal, junto con otros dos técnicos más. Más tarde salió la plaza a concurso oposición, pero bueno, el inicio fue ese, un contrato temporal a través del INAEM, y la entrevista fue en esta misma mesa. Entonces, sí, he vuelto a casa, pero hay muchas sensaciones encontradas. De esa entrevista hace 14 años, estuve 9 años trabajando en el área de juventud; luego he estado 5 años y medio en excedencia como alcalde de Quinto, y ahora vuelvo aquí y, sí, es como un regreso a casa, pero un poco diferente desde todos los puntos de vista. Estoy en este despacho, que yo todavía sigo diciendo que es el despacho de Felisa, porque durante muchos años ha sido así, y es una sensación rara.

¿Crees que ese conocimiento previo como trabajador de la Comarca puede serte útil en tu gestión?

Yo espero que sí. En general para lo bueno, pero supongo que también para lo malo, porque pasas de ser un compañero de trabajo a tener que tomar decisiones que pueden afectar a los servicios que se están ofreciendo y a los propios trabajadores. Pero sí, sin duda, el conocer la Comarca desde dentro fue una de las cosas que me empujó a que, cuando Felisa dijo que se quería jubilar, yo diera el paso para presentar mi candidatura. Cuando Felisa anunció su retirada al Partido Socialista, se abrió un debate y, al final, lo que me empujó a dar el paso fue el apoyo de mis compañeros, pero, sobre todo, el que conozco esta Comarca. Porque la gestión en el Ayuntamiento también es intensa y, por eso, es fundamental no venir aquí de nuevas.

¿Es compatible el cargo de alcalde de uno de los municipios más grandes con la presidencia de la Comarca?

Yo creo que sí. Por lo que digo de no venir de nuevas, por los trabajadores, y también por la suerte de que la sede comarcal y el Ayuntamiento estén a 200 metros de distancia, lo que me permite poder estar yendo y viniendo. No dejo la alcaldía. Y si no hubiera podido compaginar las dos cosas, no hubiera aceptado asumir la presidencia de la Comarca. Porque en el Ayuntamiento yo no he terminado el trabajo que nos comprometimos a hacer y considero que tenemos un contrato con los vecinos de Quinto hasta el año 2023, porque ellos depositaron su confianza con 7 concejales de 9, que es una cifra altísima, y ese compromiso lo vamos a llevar hasta el final. Por eso, quiero transmitir a los vecinos de Quinto un mensaje de tranquilidad y continuidad. Además, una cosa muy importante es que el equipo de Gobierno de Quinto es igual que en el mandato anterior, 8 concejales de 9 en el equipo de Gobierno con una experiencia de gestión de 5 años y medio; cada uno de ellos domina perfectamente su área, por lo que la gestión del Ayuntamiento no es algo que recaiga solo sobre el alcalde, sino que somos un equipo. Y tener un buen equipo en el Ayuntamiento y un buen equipo en la Comarca me va a permitir compaginar las dos cosas.

La Comarca Ribera Baja del Ebro lleva 18 años en funcionamiento. ¿Qué destacarías de la gestión de estos años?

Es difícil dar una respuesta corta a eso. El área que más se ha implantado en el territorio por todo lo que supone es la atención a las personas que necesitan cuidados, es decir, los Servicios Sociales, por la vulnerabilidad de las personas con las que trata. Pero es cierto que nuestra Comarca hace 18 años no existía y el trabajo que ha hecho Felisa y la gente que la ha acompañado en ese tiempo, tanto consejeros como trabajadores, ha sido crear de la nada una administración cercana a la gente, que ha prestado servicios, yo creo que de mucha calidad, en todas las competencias transferidas, servicios que han ayudado a ‘hacer comarca’, una expresión que todos hemos oído hasta la saciedad siempre en esta casa.

Yo comparto con Felisa, entre otras muchas cosas, esa frase que siempre ha dicho de que esta Comarca es y tiene que ser una entidad prestadora de servicios sin ánimo de lucro. Porque la Comarca no tiene que administrar un término municipal o un término comarcal, somos una administración que no tiene problemas de mantenimiento, ni de redes de saneamiento o de alumbrado público, que sí tienen los ayuntamientos. Nosotros en lo que nos tenemos que centrar es en prestar servicios directos a los ciudadanos y también servicios a los ayuntamientos que por sí solos no podrían prestar. Por eso, tenemos que seguir manteniendo un presupuesto muy pesado en capítulo 1 y capítulo 2, que son personal y gasto corriente, porque eso es lo que se traduce directamente en prestación de servicios. Las comarcas tienen unas competencias transferidas por el Gobierno de Aragón que tienen que desarrollar. Y eso se puede hacer con gente propia, o con gente externa, pero al final se tiene que hacer con gente. Es decir, que se puede hacer con personal propio o se puede externalizar, pero ese “coste” se tiene igual, porque si se quieren tener servicios hace falta personal. Y para mí es prioritario que esos servicios se den con personal propio en vez de externo porque, entre otras cosas, eso genera oferta laboral en el territorio estable y de calidad.
Donde considero que la Comarca no debe tener un presupuesto abultado es en el capítulo 6, que son las inversiones, porque para eso están los ayuntamientos, y también las diputaciones, que transfieren dinero a los ayuntamientos, que son los que saben cuáles son las obras que hacen falta en sus pueblos.

¿Cómo ha cambiado la pandemia la gestión de la Comarca?

A pesar de ser una administración pequeña, el trabajo que desarrollan unas áreas tiene que ver muy poco con el que desarrollan otras. Hay técnicos que pueden hacer su trabajo a través de un ordenador, estén aquí o donde sea, hay otras actividades que necesitan de un contacto físico con el usuario, y hay otras, como el Servicio de Ayuda a Domicilio, que no se pueden prestar a distancia. Por eso, la pandemia obligó a reorganizar al personal para atender a los vecinos que lo necesitaban, y también para hacerles las compras, para que esos vecinos no salieran de casa y no se expusieran al virus. En estos meses ha cambiado radicalmente todo. Las nuevas tecnologías han sido fundamentales en muchos casos, pero cada servicio se ha tenido que adaptar, ha tenido que hacer de la necesidad virtud y buscar la manera de seguir haciendo llegar lo máximo posible el servicio a los vecinos y a los ayuntamientos, pero con las normas sanitarias requeridas. También el presupuesto se ha puesto patas arriba, con actividades que no se han podido hacer y con otras cosas que han necesitado más inversión.

Y, con esta incertidumbre, ¿cómo se hace un presupuesto comarcal para 2021?

De forma rápida. Porque esa incertidumbre hace que el presupuesto sea muy continuista en cuanto a las partidas de ingresos y de gastos. Sabemos que el día que la pandemia se controle y se puedan volver a programar actividades va a haber que reformular el presupuesto. Pero no hay necesidad de hacer eso en diciembre, sino que vamos a esperar a ver cómo evoluciona el año. Además, este año se han suprimido las reglas fiscales para las administraciones públicas, y eso nos va a permitir que el remanente de tesorería y la liquidación del año 2020 de las partidas que no se han agotado se puedan poner a disposición del presupuesto de 2021.

¿Cuáles van a ser las líneas estratégicas de tu gestión?

Mi punto de vista pasa por mantener todos los servicios de la misma manera que se están prestando. Siempre habrá cosas del día a día que se puedan mejorar, está claro. La Comarca lleva 18 años caminando bajo una misma dirección, y habrá cosas que hasta ahora se hayan hecho de una manera que a lo mejor ahora se pueden hacer de otra, pero al final lo que son los pilares de la Comarca no creo que vayan a sufrir grandes cambios. Pero, en cualquier caso, no es tanto lo que yo quiera, sino hacia dónde queremos ir entre todos. Me interesa mucho cuadrar agenda para quedar con los portavoces de todos los grupos políticos, con los alcaldes de todos los Ayuntamientos, con la propia comisión de Gobierno comarcal, y con los trabajadores, para conocer en profundidad lo que están haciendo en cada una de las áreas. Y, a partir de ahí, diseñar un horizonte. Porque la gestión del día a día la sabemos hacer, pero tenemos que plantearnos objetivos más amplios y conseguirlos entre todos.

Es cierto que hay áreas en las que personalmente considero que se pueden hacer cosas que hace años que no se hacen, como es, por ejemplo, la promoción de la propia comarca como destino. No solo para que la gente de la propia comarca conozca su territorio, sino para que la gente de fuera conozca la Ribera Baja y pueda ser un lugar donde venir a pasar un día o un fin de semana.

Pero la Ribera Baja no es una comarca eminentemente turística, ¿crees que, aún así, el turismo puede ser de alguna forma una oportunidad, un punto fuerte potencial?

Sí, estoy convencido de que lo puede ser, pero claro, hay que hacer un trabajo previo, eso no se va a conseguir en un día. No somos una de las comarcas más atractivas de Aragón, pero hay buenas cosas que se pueden hacer en la Ribera y no las hemos sabido organizar y vender. No hemos sabido hacerlo como Comarca, como Ayuntamientos y como sociedad en general. Tenemos el Ebro y todas sus alternativas, el yacimiento de Velilla, el Monasterio de Rueda, el museo de las Momias y también hay otros pueblos que están haciendo actuaciones en materia turística. Y todos ellos, de manera individual, están generando un flujo de visitantes. Si solos, sin coordinación, se está consiguiendo, por ejemplo, que al museo de las Momias o al Monasterio de Rueda vengan 7.000 visitantes al año, pues es lógico pensar que yendo juntos podemos conseguir mucho más.

¿Cómo ves el futuro de la comarca?

A corto plazo incierto por la situación de la pandemia, pero, al margen de ella, pues somos una comarca envejecida, que sufre la despoblación. Y en eso tienen mucho que ver las comunicaciones, que son vitales. No es casualidad que el único eje que sale de Zaragoza y está sin desdoblar sea el que más despoblación del entorno de Zaragoza acusa. Ahora parece ser que se está tomando en serio el tema y que el tramo El Burgo-Fuentes avanza y el tramo Fuentes-Quinto acaba de licitar el proyecto, pero la A-68 es vital, porque, sin ella, estamos perdiendo habitantes y oportunidades. Aún así, no hay recetas mágicas para frenar la despoblación. Y tampoco ninguna administración puede andar ese camino sola. Tiene que haber una coordinación y un compromiso conjunto. Ahora se dice que la pandemia ha hecho cambiar la mentalidad de muchas personas, y ojalá sea cierto y los pueblos vuelvan a captar vecinos, hijos de los que un día se fueron, pero, por otro lado, también se dice mucho que la gente está deseando volver a su vida de antes…

¿Cuáles son las ventajas que la Comarca como institución le ofrece a un habitante de cualquiera de sus pueblos? ¿Crees que esas ventajas se perciben en su justa medida?

Puede ser que el papel de la Comarca se haya entendido mejor en los pueblos pequeños. En los pueblos más grandes parece que la gestión de todo lo que se hace sea responsabilidad del Ayuntamiento. En los pueblos pequeños, el propio hecho de que tengan menos personal hace que el trabajo de la Comarca se visibilice más. Sin embargo, en los pueblos más grandes, -utilizando el término ‘grande’ por comparación, porque realmente todos los pueblos de la Ribera Baja son pequeños-, lo que sucede, por ejemplo, es que hay un monitor de Espacio Joven contratado y la sensación que tiene el vecino es que todo lo que se hace en juventud en su pueblo lo hace su monitor municipal, pero realmente hay un monitor municipal porque hay un convenio de espacios jóvenes comarcal, y los proyectos se trabajan en conjunto en muchos de los casos. Y lo mismo sucede con las ludotecas. O con las aulas de apoyo socioeducativo. El vecino percibe que el servicio se da en un edificio del Ayuntamiento y con personal que el Ayuntamiento ha contratado. Pero todo eso pasa porque está la Comarca detrás.

Por eso, yo creo que tenemos que hacer un ejercicio de acercar y dar a conocer la Comarca a sus habitantes. Para mí sería un buen final de mandato si dentro de dos años y medio los vecinos que estén en contra de la comarcalización es porque conocen la Comarca y no se creen el modelo. Me gustaría llegar a eso en vez lo que pasa ahora en algunos casos, que hay personas que no se creen el modelo porque no tienen ni idea de qué es ni para que sirve la Comarca. Por eso creo que tenemos que hacer un ejercicio para explicarlo aún más. Y es algo que ya se hace, desde Zafarache, desde las redes sociales y desde muchos sitios, pero se tiene que hacer también desde los ayuntamientos, que tienen la responsabilidad de comunicar a sus vecinos las cosas que vienen de la Comarca. Del mismo modo que cuando la Diputación Provincial transfiere fondos para hacer una obra se dice, cuando un servicio o una actividad se presta por parte de la Comarca también hay que visibilizarlo. Tiene que haber lealtad institucional y un compromiso de colaboración. Los ayuntamientos tienen que saber que la Comarca está para ayudarles y la Comarca estar al servicio de esos ayuntamientos, independientemente de quién gobierne, tanto en un sitio como en el otro.

 

Juan García-Moreno

Juan García-Moreno es un joven deportista quintano que hace nueve años se inició en el mundo del culturismo de forma bastante casual. “Me puse a dieta porque quería perder kilos y empecé a comer bien, a correr y a nadar. Al año siguiente me apunté al gimnasio y a algún curso de nutrición. Y una cosa llevó a otra, pero no hubo un momento concreto en el que dijera ‘quiero ser culturista’”, explica.

Masiko.es

Dicen que toda crisis encierra dentro una nueva oportunidad, pero ya hacía días que este proyecto rondaba por la cabeza de Raúl Ramón Val y Óscar Pérez García, los dos creadores de MASIKO.es (el AMAZON Bajo-Aragonés), una plataforma en desarrollo que aspira a convertirse en pocos meses en el primer Mercado Digital del Bajo Aragón Histórico.

coronamakers

Sí, hay personas con mucho talento. Y mucha preparación. Y muchas, muchísimas ganas de ayudar. Esta crisis lo está volviendo a confirmar con la irrupción de los denominados ‘coronamakers’, nombre que reciben las personas usuarias de impresoras 3D que están uniendo fuerzas en la lucha contra el COVID-19 para fabricar los componentes de pantallas protectoras.

Sonia Ortega Lucea

Sonia Ortega Lucea es natural de La Zaida y lleva 24 años trabajando en el hospital Miguel Servet  de Zaragoza, desde donde está viviendo en primera línea esta crisis sanitaria. Además, es Doctora y, desde hace 6 años, profesora Asociada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza, donde imparte clases relacionadas con su especialidad: la anestesiología y reanimación.

El número de infectados en el colectivo sanitario no deja de aumentar día a día y vosotros estáis viendo la peor cara del virus, ya que tratáis a los pacientes más graves… ¿Tenéis miedo al contagio?

Más que miedo es preocupación. Realmente eres consciente de que te puedes contagiar, y eso te preocupa, por una cuestión personal y por saber que puedes contagiar a tu familia cuando vuelves a casa. Además porque los sanitarios somos un vector de transmisión para los pacientes y para nuestros compañeros de trabajo.Yo personalmente procuro racionalizarlo y extremar las medidas de precaución, tanto en protección personal como con los pacientes a los que trato. Y soy muy estricta en el seguimiento de las recomendaciones establecidas. Pero es fundamental para gestionar esta preocupación mantener la calma y el sentido común.

¿Cómo es el día a día en el hospital durante esta pandemia?

En nuestro servicio la situación ha ido cambiando de forma paulatina conforme evolucionaba la pandemia, y nos hemos ido adaptando a ello reduciendo la actividad quirúrgica programada. Como había más necesidad de cuidados críticos, nuestra labor se ha dirigido sobre todo a cubrir esa demanda, aumentando las camas de reanimación y abriendo unidades que pudieran dar asistencia a los pacientes más graves, que necesitan ventilación mecánica. La anestesia es una especialidad capacitada para tratar a los enfermos críticos y en estos momentos muchos anestesistas están trabajando en unidades de cuidados intensivos.

Por otro lado, en el área quirúrgica, se realizaron cambios para habilitar una zona específica para llevar a cabo las intervenciones programadas o urgentes en pacientes COVID con un circuito independiente del resto de quirófanos. Por lo que unos seguimos en quirófano con pacientes, tengan infección COVID o no, y otros anestesistas trabajan en UCIS o reanimación. Yo, aunque al principio estuve en UCI, ahora trabajo en quirófano y nuestro día a día ha cambiado mucho. Antes de empezar, compruebas que el preoperatorio está correcto y planificas el material necesario según la operación, porque los protocolos han cambiado y debes entrar a quirófano todo lo que creas que puedes necesitar. El resto del material se queda fuera para evitar posibilidad de contaminación. Es fundamental ser muy organizado. Recogemos el equipo de protección y entramos a quirófano con el equipo puesto antes de que llegue el paciente; trabajar con el EPI puesto es más difícil porque disminuye las habilidades y exige mucha concentración.  Cuando acaba la operación nos lo quitamos siguiendo un orden muy estricto, y es el momento clave para evitar el contagio. Salgo de trabajar mucho más cansada que antes, y conforme pasan los días el cansancio se va acumulando.

¿De qué manera os afecta emocionalmente esta situación?

Emocionalmente supone un desgaste importante, es una situación muy dura porque conlleva un esfuerzo en todos los sentidos; trabajas con más presión y con unos protocolos diferentes a los habituales y, como decía antes, eso exige mucha concentración. A pesar de todo, yo personalmente me considero afortunada, porque en mi familia no hay casos graves, solo dos familiares han pasado la enfermedad en casa. Amigos míos, como muchas otras personas en España, han perdido a algún familiar sin la posibilidad de acompañarlo y, aunque lo hacen con una serenidad y entereza admirable, son momentos muy amargos y siguen trabajando en el hospital dando lo mejor de sí. También estoy muy agradecida por las muestras de apoyo y cariño de amigos que están pendientes de mí, me envían mensajes de WhatsApp que me arrancan una sonrisa y me distraen rebajando la tensión. Pero sobre todo estoy muy agradecida a mi familia, por su apoyo incondicional y por la fuerza que me dan.

¿Estáis suficientemente protegidos?

En quirófano, las unidades de reanimación y cuidados intensivos sí que disponemos de equipos de protección adaptados al nivel de riesgo de infección. El control de este material es muy estricto, y conforme pasan los días es verdad que van faltando cosas y hay que reciclar material o se sustituye por otro disponible. En otras áreas del hospital y en otros centros sí que tienen escasez de material. 

¿Qué es lo que más estrés te ha generado o te genera?

La anestesia es una especialidad que entraña una gran responsabilidad y los anestesistas somos profesionales entrenados y habituados para trabajar en situaciones de estrés; en quirófano nos enfrentamos a complicaciones graves, imprevistas, que requieren una respuesta rápida por nuestra parte y de la que depende la vida del paciente. Pero es verdad que en esta pandemia el esfuerzo es mayor, porque se prolonga, y trabajamos en condiciones de mayor presión. Personalmente lo que más estrés me genera es la dificultad que supone trabajar con el equipo  de protección puesto, porque es incómodo y disminuye nuestras habilidades. Aunque se han reducido, se siguen realizando operaciones, por supuesto las urgentes, las no demorables y los procesos más graves que conllevan mayor riesgo. Nuestro trabajo en quirófano es mantener al paciente en condiciones óptimas durante toda la intervención, minimizar el riesgo quirúrgico, solventar las complicaciones que puedan surgir y nuestra prioridad es la seguridad del enfermo. Este trabajo es más difícil de llevar a cabo con el equipo de protección puesto, y es lo que más estrés me genera. Además, como he comentado antes, me preocupa el riesgo de contagio, tanto de los pacientes a los que atiendo como de los  compañeros o de mi familia.

¿Qué podemos hacer el resto de ciudadanos para ayudar y facilitar que las cifras mejoren?

Hay que respetar las medidas de contención, la cuarentena, y quedarse en casa limitando al máximo los contactos. En una pandemia como la actual es fundamental actuar con responsabilidad y entender que se trata, no sólo de no contagiarse uno mismo, sino de pensar en no contagiar a los demás. Hay muchos contagiados, sobre todo jóvenes, que son asintomáticos, así que se trata de que la epidemia se extienda lo más lentamente posible paro no colapsar el sistema sanitario, porque estamos hablando de una enfermedad que con el tratamiento adecuado es menos grave que sin él. También hay que evitar el colapso sanitario porque hay otras patologías (infartos, ictus, operaciones quirúrgicas graves…) que requieren tratamiento y, en una situación como la actual, se complica bastante su asistencia. Esta situación pasará antes si cada uno hace su parte, y la labor de los ciudadanos cumpliendo la cuarentena es clave, y ya ha demostrado resultados positivos dándonos un respiro con una disminución importante en el número de ingresos en el hospital.

¿Crees que nos estamos acercando al final o crees que hará falta alargar más en el tiempo las medidas restrictivas para controlar la pandemia?

Yo no soy epidemióloga, pero los expertos en el tema recomiendan mantener las medidas restrictivas de distanciamiento social evitando reuniones masivas, grandes concentraciones de gente, espectáculos,…durante más tiempo y, mientras, vamos ganando tiempo hasta que haya una vacuna o un tratamiento específico frente al virus. Como he dicho antes, se trata de ir contagiándonos poco a poco sin que el sistema sanitario esté colapsado.

¿Crees que esta crisis hará que el conjunto de la ciudadanía valore más la sanidad pública? ¿Esta crisis debería desembocar en un gran pacto por la sanidad que prohíba los recortes en sanidad gobierne quien gobierne?

Quiero pensar que los ciudadanos ya sabíamos que tenemos un buen sistema público de salud, con profesionales altamente cualificados. Los aplausos de cada tarde, dedicados no sólo a los sanitarios, sino también a otros profesionales, son una muestra de ello y, sin duda, nos reconfortan. Esta situación ha dado visibilidad y un protagonismo que no deseamos a nuestro trabajo, y muestra que siempre hemos estado ahí.  Pero obviamente, nunca nos habíamos enfrentado a una situación semejante. Esta crisis ha puesto de manifiesto la facilidad con la que se puede expandir y potenciar una pandemia, la fragilidad de cualquier sistema sanitario, por desarrollado que esté, y la necesidad de invertir en sanidad y en investigación, independientemente del gobierno que legisle. Recortar en sanidad es extremadamente grave, porque en un mundo globalizado como el actual posiblemente esta pandemia no será la última, y debemos estar preparados fortaleciendo nuestro sistema sanitario y el sistema de vigilancia epidemiológica.

A la elevada actividad asistencial se une una situación muy difícil, que es la de acompañar al paciente de una forma más humana, ya que no puede estar con su familia en ningún momento. ¿Cómo lo hacéis para tratar de tener esa cercanía tan necesaria?

Antes de entrar a quirófano en la visita preoperatoria procuramos tranquilizar al enfermo transmitiéndole seguridad y diciéndole que la intervención se va a realizar en las mejores condiciones, procurándole todos los cuidados que necesita. Si ya de por sí una intervención quirúrgica supone siempre para el paciente un estrés, en estas circunstancias los pacientes llegan a quirófano aún más preocupados y asustados, por lo que es importante trasmitirles confianza  antes de empezar, y decirles que todo va a salir bien. En el postoperatorio, o en las unidades de reanimación, cuando no pueden ver a sus familiares, no les falta una muestra de afecto, nos esforzamos en animarles y darles mensajes positivos, y además decirles que sus familiares han sido convenientemente informados de todo, porque los pacientes se preocupan mucho y preguntan por su familia. Lo más triste de esta situación es, sin duda, la soledad, y procuramos en la medida de lo posible aliviar su sufrimiento.

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