Lunes 16 Diciembre 2019

La vida del pinero Fernando Zumeta cambió de manera abrupta el pasado mes de octubre, cuando empezó a tener unos dolores muy fuertes.

"Acudí a urgencias del Miguel Servet por primera vez el 29 de octubre, pero me dijeron que todo estaba bien. El dolor no remitía, así que mi médico del centro Ramón y Cajal me hizo un volante en el mes de noviembre para que me realizaran un scanner de urgencia", explica Fernando. Finalmente, y a pesar de que acudió otras dos veces a urgencias en ese tiempo con mucho dolor, el scanner no se le realizó, siguiendo el procedimiento ordinario, hasta el 26 de diciembre. "El 30 de diciembre acudí por cuarta vez a urgencias y pedí por favor que miraran el scanner que me habían hecho hacía cuatro días, del cual aún no me habían dado el resultado. Al verlo, me dijeron que me tenía que quedar ingresado porque se veía una mancha en el páncreas y había que estudiarla", añade.

El escaso personal existente en fechas navideñas, los recortes y la poca empatía de los médicos que lo atendieron complicaron aún más la situación en esos días. "He conocido a muchas personas que me han tratado muy bien, como las enfermeras de la planta, -entre las que me gustaría destacar a Marta- pero la decepción y la indignación que sentí por el trato recibido por parte de los médicos no tiene nombre", dice Fernando, que se queja de la deficiente comunicación y empatía del personal: "La mancha en el páncreas se convirtió en un tumor unos días después, sin que mediara ninguna prueba de por medio. Eso quiere decir que desde que vieron el scanner, ellos sabían que la mancha era un tumor en el páncreas y que, además, había metástasis en el pulmón. Pero, sin embargo, he tenido que aguantar que se me informara de mi enfermedad por fascículos y sin ningún orden ni lógica. Los médicos deberían tener en cuenta que tratan con personas, y que esas personas tienen derecho a estar informadas de lo que les pasa. Y, desde luego, a mí me han hecho sentir muy mal como persona", explica Fernando.

Tras su ingreso el 30 de diciembre, permaneció en el hospital a la espera de que le hicieran una biopsia, que finalmente no le realizaron hasta el 14 de enero. "En las campañas de prevención del cáncer siempre insisten en que la detección precoz es crucial, pero a mí me han hecho pasar tres meses de sufrimiento. Tres meses que hubiera ganado si me hubieran mirado bien la primera vez que acudí a urgencias con mucho dolor; pero la triste realidad es que tengo tres informes de urgencias y ninguno se parece en nada al otro", añade con resignación.

Finalmente, el 17 de enero lo mandaron a casa e inició el tratamiento de quimioterapia. A pesar de que quiere contar su experiencia porque –asegura- que le ayuda a sacar todo el dolor que le han hecho sentir por el trato recibido, Fernando no ha perdido el buen humor ni la sonrisa: "Si te paras a pensar, es cuando empieza de verdad la enfermedad, y yo voy a seguir siendo lo que he sido siempre, una persona normal con ganas de vivir".

Precisamente, fruto de esa energía y de esas ganas de vivir, Fernando no dudó el pasado 9 de marzo en dar una sorpresa a su mujer, primero cantando en solitario y después bailando en pareja una jota con su hija Alejandra durante la celebración de RiberabaJota en Gelsa. Sin duda, un emotivo y aplaudido momento que quedará guardado en la memoria de todos los presentes.

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