Lunes 18 Marzo 2019

A Pilar, la alcaldesa de Gelsa. A Pilar, la persona.

Todo el mundo habla bien de aquellos que ya no están entre nosotros, como si lo malo de las personas desapareciera con ellos o, más aún, como si los que se van nunca hubieran tenido una parte mala o, como dice una frase popular, siempre se fueran los mejores.

Sin embargo, si quisiera hacerlo esta vez, me costaría mucho escribir algo malo de la alcaldesa que nos acaba de dejar.

Francisca, conocida por todos como Pilar, era una persona trabajadora y comprometida con su pueblo. Con un nivel de compromiso que solo es capaz de entender el que alguna vez se ha metido en el Ayuntamiento de una localidad del tamaño de las nuestras, bajo cualquier sigla, con el único objetivo de trabajar por su pueblo. Por eso, porque la política en los pueblos pequeños es y debe seguir siendo algo alejado de las grandes cifras, pero lo más cercano a los problemas de los vecinos, Pilar ha sido una gran alcaldesa hasta el último día.

Pero hoy, solo dos horas después de enterarme de su repentino fallecimiento, no quiero hablar de la 'Pilar alcaldesa', sino de algo más importante. Porque de lo que seguro sería incapaz aunque lo intentara es de escribir algo malo de la 'Pilar persona'. En los últimos 13 años ha habido pocos meses en los que no hayamos hablado por teléfono. Ella, poco amiga de las nuevas tecnologías, prefería que la llamara o que la fuera a ver a Gelsa para contarme la información municipal que yo más tarde plasmaría en este periódico. Nuestras conversaciones nunca fueron estrictamente profesionales. A lo largo de estos años le conté que me casaba, que quería comprarme un piso, que estaba embarazada y, más adelante, le enseñé muchas fotos de mi niña. Y eso pasó porque ella tenía un interés y una empatía real por todos los que la rodeaban. Escuchaba y aconsejaba de forma serena y sin estridencias y nunca se olvidaba de preguntarte por el desenlace de lo que le habías contado la vez anterior. Unos días antes de casarme apareció en la Comarca con un regalo para mí: un juego de toallas bordadas por ella. Solo espero haber sabido transmitirle entonces la ilusión que me hizo que me apreciara lo suficiente como para dedicar varias horas a hacerme un regalo que siempre recordaré.

Hace pocos meses, muy pocos, fui con ella a hacer unas fotos a las obras del tanatorio de Gelsa. Luego, mientras nos tomábamos un café, me dijo que no se encontraba bien, que estaba cansada. Los acontecimientos se desarrollaron después tan rápido que ese fue nuestro último café. Ojala lo hubiera sabido.

Descansa en paz, Pilar. Echaremos de menos a la alcaldesa, a la consejera, pero sobre todo a la persona.

Esther Aniento, periodista

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