Sábado 30 Mayo 2020
Luisa Mateo, Pina de Ebro

La pandemia ha paralizado nuestra vida de puertas hacia afuera. Pero de puertas hacia dentro seguimos viviendo, sufriendo, trabajando, educando y preocupándonos por una situación que le ha dado un vuelco a nuestra rutina.

En zafarache se nos ocurrió que era buena idea acercarnos un poco a esa nueva rutina de la cuarentena a través de testimonios directos de vecinos de la comarca. Por eso, decidimos buscar a una persona de cada uno de los 10 municipios, pero también queríamos que nos contaran su historia desde perfiles diferentes: personas que vivieran en familia, que vivieran solas, autónomos, amas de casa, personas con hijos de diferentes edades, personas que desarrollaran trabajos esenciales e insustituibles en estos días… Y, así, aunando todo esto, han salido estas entrevistas, que pretenden acercar esa nueva rutina y reflexionar sobre cómo nos cambiará la pandemia.

Esperamos que os gusten y agradecemos de corazón la conversación con todas y cada una porque fue un baño de realidad y, a la vez, un chute de energía. ¡Gracias por ser como sois!!

Hoy os dejamos la entrevista de María Luisa Mateo, de Pina de Ebro, que ha pasado muchas horas de este confinamiento cosiendo todas las mascarillas que ha podido. Aunque, si por algo la va a marcar esta cuarentena, es por haber sido abuela de Enzo, un nieto que llegó de forma prematura y al que tardará en achuchar mucho tiempo más de lo que nunca hubiera imaginado.

María Luisa Mateo, de 62 años y residente en Pina de Ebro, compagina su labor como trabajadora de la limpieza con su activismo solidario cosiendo mascarillas, mientras pos-pone todas las celebraciones con su familia, especialmente la del nacimiento de su nieto Enzo, nacido de manera prematura y en época de confinamiento.

¿Cómo lo llevas?¿Cómo estás viviendo este confinamiento?

Trabajo dos días a la semana en una empresa de limpieza, pocas horas, pero eso me permite también estar en movimiento y hacer ejercicio, porque es necesario moverse todo lo que se puede y mi trabajo tiene mucho de físico. Luego llego a casa y me pongo a coser mascarillas. Lo llevo haciendo desde el principio de todo esto y ya llevo cosidas más de 700 mascarillas, unas treinta al día más o menos. Paro para comer, aplaudir a los ocho con el resto de vecinos y para cenar. Estamos más de 200 personas en un grupo y nos organizamos tanto para ir a buscar sábanas como para hacer el reparto. Hay mucha gente volcada en ayudar a los demás.

¿Qué es lo que más te preocupa de esta situación?

Yo me siento una privilegiada al vivir en el pueblo, donde las casas son más amplias, más luminosas y con más espacios al aire libre, con corrales y patios, pero me acuerdo de mu-chas familias que no tienen esa suerte, donde los más pequeños no tienen balcones y pocas ventanas. También me preocupan mucho esas familias con negocios que ahora están cerrados y que no sé en qué situación van a quedarse, sufro mucho por ellos. Y también pienso mucho en todas aquellas personas que desgraciadamente han perdido a un ser querido. No poder estar con los abuelos y darles la mano para despedirse, no me lo quiero imaginar. Me acuerdo de mis padres y me toca mucho.

¿Crees que aprenderemos algo de todo esto?

Estoy convencida de que una de las cosas que aprenderemos de esta crisis es a valorar ciertas profesiones a las que antes no se les hacía el caso suficiente, como al personal de limpieza o a las personas que trabajan en las residencias. Espero que tras la crisis la gen-te cambie su percepción, porque estos trabajos están demostrando ser vitales para que todo funcione bien y los demás puedan trabajar y vivir en las mejores condiciones posi-bles.

Si tuvieras que sacar algo positivo de todo esto, sería…

Creo que este confinamiento nos hará valorar otras cosas en la vida. Lo que pensábamos que era prioritario ya no lo será. La crisis va a ser dura. Mi generación vivió la posguerra y hambre no pasamos en casa, pero con un par de zapatos que te compraban pasabas todo el invierno y te daban ropa y estabas toda contenta. Va a ser más duro para la juven-tud que para los de nuestra generación, pero saldremos adelante porque sabremos apre-ciar las cosas importantes.

 ¿Has pensado en lo primero que vas a hacer cuando se levante el confinamiento?

Conocer a mi nieto. Que se vayan preparando esos mofletes, que me los voy a comer. Es realmente duro no poder conocer a tu nieto, que además nació prematuro y estuvo en incubadora los primeros días hasta que fue ganando peso, pero todo llegará, aunque a veces no ves el momento. Pasarlo desde casa es aún más duro que estar allí, con mucha incertidumbre, y además te pierdes la emoción de cogerlo en brazos, pero que se prepare que llega la abuela enseguida. Le conocemos por fotografías y le vemos cuando hacemos videollamadas, pero el contacto humano no se puede cambiar por nada.

 

 

 

 

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