Jueves 4 Junio 2020
Patricia Eroles, Sástago

La pandemia ha paralizado nuestra vida de puertas hacia afuera. Pero de puertas hacia dentro seguimos viviendo, sufriendo, trabajando, educando y preocupándonos por una situación que le ha dado un vuelco a nuestra rutina.

En zafarache se nos ocurrió que era buena idea acercarnos un poco a esa nueva rutina de la cuarentena a través de testimonios directos de vecinos de la comarca. Por eso, decidimos buscar a una persona de cada uno de los 10 municipios, pero también queríamos que nos contaran su historia desde perfiles diferentes: personas que vivieran en familia, que vivieran solas, autónomos, amas de casa, personas con hijos de diferentes edades, personas que desarrollaran trabajos esenciales e insustituibles en estos días… Y, así, aunando todo esto, han salido estas entrevistas, que pretenden acercar esa nueva rutina y reflexionar sobre cómo nos cambiará la pandemia.

Esperamos que os gusten y agradecemos de corazón la conversación con todas y cada una porque fue un baño de realidad y, a la vez, un chute de energía. ¡Gracias por ser como sois!!

Hoy os dejamos la entrevista de Patricia Eroles, de Sástago, que ha pasado esta cuarentena repartiendo su tiempo entre las clases que imparte (ahora a distancia) a los alumnos del Aula de Educación de Adultos y la atención a sus dos hijas, que también han tenido que seguir su propio curso escolar desde casa.

Patricia Eroles vive en Sástago junto a su marido y sus dos hijas, de 7 y 4 años. Desde hace un tiempo, es una de las profesoras del aula de adultos de la comarca Ribera Baja del Ebro e imparte clases en varios municipios, una labor que se ha visto fuertemente transformada desde que comenzó el confinamiento.

¿Te esta costando mucho quedarte en casa? 

A mí no me gusta estar en casa, pero tengo una terraza grande que está al lado de la de mis suegros y de la de mis cuñados. Hablar a un metro de distancia es muy, muy raro, pero al menos nos podemos ver de una casa a otra, y eso, en estas circunstancias hace que me sienta muy privilegiada. Hablar con ellos viéndolos te hace sentir cierta normalidad dentro de la anormalidad.

Cuando salgo a comprar es todo muy raro porque en un pueblo nos conocemos todos, pero ahora no te saludas tocándote, todo se hace de lejos. Tengo asumido estar en casa, pero llamar a mis abuelos, que se manejan bastante mal con las videollamadas, y no poder ir a verlos es lo que más me está costando, porque mi abuela está enferma y no entiende por qué no voy. Pero me siento privilegiada porque mis hijas tranquilas no son, y solo de imaginármelas en un piso me da algo. Todos los niños necesitan correr y aire libre, así que ellas son muy afortunadas por poder pasarse la vida en el jardín y tener espacio. Aún así, a veces no es fácil, porque todos estamos nerviosos y tenemos altibajos, y los adultos muchas veces lo acabamos pagando con los niños, que son los que menos culpa tienen.

¿Cómo lo estás haciendo con las clases? ¿Y para compatibilizar el teletrabajo con tu faceta de madre?

Intento preparar las clases cuando las niñas están dormidas y dar las clases por WhatsApp por las tardes, mientras mi marido está con las niñas. Entre los alumnos pues hay de todo: gente que colabora y responde y gente que no. He intentado adaptar contenidos y mandar mensajes por WhatsApp, pero las circunstancias personales son muy variables y, además, en el caso de muchos alumnos, el ir a clase es algo voluntario. A esto se suma el componente social, que ahora ha desaparecido. Tengo alumnas que me dicen que lo que les gusta de las clases es salir, la relación social que implica. Las clases de adultos tienen una parte de enseñanza reglada, pero cumplen también una función social que consiste en que los alumnos hablen, mantengan la mente activa… y esa parte ahora se ha perdido. Yo intento que los alumnos sigan motivados, que vean que esto es algo puntual y que volveremos; y estoy muy agradecida a mis alumnas, porque me están facilitando mucho la labor y me están ayudando y respondiendo muy bien.

¿Qué es lo que más te preocupa de esta situación?

Llega un momento en el que normalizas el horror de las cifras y eso es espantoso. Hablamos de 500 muertos en 24 horas y nos alegramos porque son menos que el día anterior, pero, si te paras a pensarlo un momento, es horroroso. Supongo que lo que más me preocupa es que se vuelva a repetir. Que haya muchos asintomáticos y esto se repita y no aprendamos nada de todo esto. Somos todos muy egoístas y no sé cómo reaccionaremos. Puede que salgamos todos en bandada o puede que no. También tengo mucho miedo a ser asintomática y contagiar, por ejemplo, a mis alumnos, que son grupo de riesgo la mayoría. Eso me genera mucha ansiedad. 

¿Has pensado en lo primero que vas a hacer cuando se levante el confinamiento?

Ir a ver a mis abuelos y a mi familia. Y luego necesito ver a mis amigos, relacionarme con la gente que quiero. Irme con mis amigos a un sitio abierto y estar un rato hablando. Y es que creo que valoraremos mucho más las cosas así. No echo en falta ir a comprar, ni ir al cine, ni de viaje, pero estar con mis amigos hablando de cualquier cosa sí. Creo que cuando salga agradeceré hasta poder ir al parque con mis hijas, que es algo que de normal no me gusta nada…

Si tuvieras que sacar algo positivo de todo esto, sería…

Estamos viendo lo que es necesario y lo que es prescindible. También vemos que hay mucha gente que ayuda, y estamos aprendiendo a valorar lo importante, a los amigos y  a la familia. Son cosas que de normal damos por supuestas y, ahora que nos faltan, es lo que más echamos de menos. Solo espero que esto no se nos pase y nos sirva para no pensar de ahora en adelante tanto en nosotros mismos.

 

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