2024: Vamos a por ti
Hace justo un año escribía que 2022 no había sido un año fácil. Me lamentaba de que, tras dos años de pandemia, la esperada “vuelta a la normalidad” se había visto truncada porque los equilibrios mundiales se habían vuelto del revés con la invasión rusa de Ucrania. Ahora, un año más tarde, firmaría donde me dijeran para que el de Ucrania fuera el único conflicto internacional que nos atenaza el ánimo y nos enturbia la existencia.
Y es que 2023 ha añadido una preocupación más al panorama mundial. Es verdad que el conflicto no es nuevo, ni mucho menos, pero su recrudecimento y virulencia no tienen precedentes. Tanto es así, que la guerra de Ucrania ha cedido el peso de las portadas al horror en la Franja de Gaza, y nos desayunamos todos los días con el número de civiles que han muerto por haber tenido la mala suerte de estar en el lugar equivocado justo en el momento en el que no tenían que estar.
Os estará sonando a lamento, y lo es, pero tampoco quiero quejarme demasiado porque si algo he aprendido en esta vida es que todo -siempre y en cualquier circunstancia- es susceptible de empeorar, así que no quiero estar dentro de un año repitiendo este mismo discurso en el que parece que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Además, yo -igual que todos los que me leéis- he tenido la puñetera suerte de nacer en una parte buena del mundo, uno de esos lugares en los que tienes bastantes posibilidades -Dios mediante, como decía mi abuela- de llegar vivo al final del día. Así que no me siento del todo con el suficiente derecho a quejarme diciendo que 2023 ha sido un mal año. Que seguro que podía había haber sido mejor. Pero también peor.
Así que, como es época ya de hacer propósitos de esos que luego se nos olvida cumplir y también de buenos deseos que luego se nos olvida mantener, yo para este año deseo que todos nos demos cuenta (incluida yo, claro) de que cada día tiene su afán.
Y espero y deseo que todos consigamos encontrarlo en las pequeñas cosas: en una familia incondicional, en una voz que lee un cuento de buenas noches, en una mano que toca los acordes de guitarra de tu canción favorita, en unos brazos que te sostienen para ponerte en pie de nuevo, en el consuelo de un abrazo sin esperar nada a cambio, en el escuchar y atender en silencio, en un bache que te ubica y te recuerda lo verdaderamente importante de la vida, o en unos amigos que han aprendido la difícil tarea de “estar ahí”. De esos que acompañan sin atosigar.
Porque, pese a todo lo malo, o a lo mejor precisamente por eso, son esas cosas las que hacen que el mundo avance. Centrémonos en ellas. Sigamos caminando.
Por un 2024 de “afanes” y buenos momentos compartidos.

