Alforque se llena de vida con el segundo Encuentro Comarcal de Cabezudos
La tarde del 24 de mayo dejó una estampa difícil de olvidar en Alforque. Las calles de esta localidad recuperaron una tradición que llevaba décadas sin vivirse con tanta intensidad. Y lo hicieron gracias al segundo Encuentro Comarcal de Cabezudos, una cita promovida por el proyecto Cuidadanía, del Servicio Comarcal de Cultura, que reunió a vecinos y visitantes en un ambiente festivo y participativo.
Desde primeras horas de la tarde, el movimiento era constante en el entorno del Ayuntamiento. A las 17:30 horas, se abrieron las puertas para inaugurar una exposición de cabezudos procedentes de distintas localidades de la comarca. Hasta 25 figuras se pudieron contemplar de cerca, entre ellas los inconfundibles Foranos, Moricos, Payasos o Diablos, símbolos arraigados en la memoria colectiva de muchas generaciones. Estaban representadas las localidades de Pina, Sástago, Alborge, Velilla, La Zaida y Gelsa, conformando una muestra diversa de la riqueza cultural de la comarca.
Pero el momento más esperado llegó algo más tarde, cuando doce cabezudos, los de Sástago, Alborge y La Zaida, se lanzaron a las calles para recorrer Alforque al ritmo de la charanga Los Espabilaus, formación local que supo ponerle ritmo y alegría a la jornada. “Ha sido una tarde espectacular, con muy buen ambiente y mucha gente llegada de distintos puntos de la comarca”, explicaba una vecina visiblemente emocionada. “Hacía décadas que no veía cabezudos en las calles del pueblo, y verlos otra vez me ha devuelto a la infancia”.
El pasacalles fue más que un desfile. Fue un ejercicio de memoria y de transmisión cultural. No fueron solo los niños quienes corrieron, rieron o se escondieron entre las piernas de los adultos al paso de los cabezudos. También muchos mayores los miraron con ternura, reconociendo en ellos a los mismos personajes que les asustaban o divertían hace ya muchos años.
El proyecto Cuidadanía nació con esa vocación: crear espacios donde las tradiciones se vivan desde la colaboración, implicando a todos los sectores de la población. Este segundo encuentro ha confirmado la buena acogida de la iniciativa, después del éxito de la primera edición en Pina de Ebro.
Lo ocurrido en Alforque fue, en definitiva, un ejemplo de cómo la tradición, lejos de perder fuerza, puede reinventarse y volver a ser motor de encuentro.















