Molinos AFAU: del taller familiar de Pina al mapa industrial internacional sin perder sus raíces
“Todo el espíritu original sigue intacto”. Así resume el director comercial de Molinos AFAU, Luis Calvo, lo que queda hoy de aquella pequeña empresa familiar fundada en 1978 en Pina de Ebro. “Seguimos trabajando como al principio: priorizando al cliente, con cercanía y con el mismo compromiso”. Aunque la gestión ha pasado a manos de la segunda generación, la esencia permanece. Y eso se nota —explica— en el trato diario: “Aquí los trabajadores tienen nombre y apellidos. No son números”.
Pero ser una empresa mediana con alma de pequeña no está exento de retos. “Estamos en esa franja compleja: somos muy grandes para ser pequeños y muy pequeños para ser grandes”. Esa paradoja, lejos de frenar su crecimiento, ha impulsado una evolución marcada por la innovación, la internacionalización y el arraigo.
El punto de inflexión llegó en 2008, cuando un inversor les propuso hacer una instalación completa en Polonia. Nunca lo habían hecho. “Nos dio miedo, pero nos atrevimos. Nos acompañó el cliente y salió bien”, recuerda. Esa decisión marcó un antes y un después. “Nos dimos cuenta de que no era tan difícil. Y a partir de ahí, vinieron más encargos. Sin proponérnoslo, nos convertimos en una empresa exportadora”.
La expansión fue de boca a boca, pero a escala europea. Años después, el salto a Serbia supuso duplicar la facturación en un año. “Fue un reto enorme, porque no duplicamos plantilla. Nuestro sector necesita formación específica y no es fácil encontrar personal cualificado”, explica Calvo. Pero lo lograron. “Exportar fuera de la Unión Europea tiene más complicaciones, pero aprendimos que también se puede”.
Hoy, Molinos AFAU instala maquinaria más allá de Europa. “Esta semana, un compañero ha viajado a Canadá para poner en marcha una planta. Y ya nos da igual que sea Canadá, Argentina o Mozambique”. Lo importante, asegura, es conocer bien cada país y contar con clientes que compartan su forma de hacer.
El núcleo de su actividad sigue siendo el diseño, fabricación e instalación de plantas de densificación y deshidratación de productos fibrosos como la alfalfa. ¿Qué les diferencia? “La experiencia y la orientación a la calidad”, afirma sin dudar. “Hemos cometido los errores que otros cometerían ahora, y eso nos permite anticiparnos. No vamos al precio más bajo, sino al mejor resultado para el cliente”.
Esa filosofía también explica su apuesta por la I+D: una planta piloto a escala industrial ubicada en Malanquilla (Comarca de Calatayud), que permite ensayar con productos reales antes de diseñar la instalación definitiva. “La idea surgió tras una experiencia en Polonia. El mismo producto se comportaba de forma distinta. Vimos que necesitábamos un espacio propio para probar, innovar y formar a nuestro equipo”, cuenta.
Desde allí no solo ensayan nuevas máquinas o preparan a su plantilla. También forman a trabajadores de sus clientes internacionales antes de entregarles la instalación. “Así todo es más fácil para todos. Lo hacemos aquí, en un entorno controlado”.
Malanquilla como símbolo
Ubicar esa planta en un pueblo de menos de 100 habitantes no fue casualidad. “Es el pueblo natal del fundador, Andrés García. Y él dijo que, si había que hacer esa inversión, tenía que ser allí. Para que no muriera”. La decisión fue arriesgada —admite Calvo— porque “tuvimos ofertas en polígonos industriales con todas las facilidades”, pero optaron por la vertebración del territorio.
Hoy no solo generan empleo directo, sino que dinamizan la economía local. “Clientes que se alojan en casas rurales, bares que dan comidas, transportistas que se mueven por la zona… No hemos conseguido atraer nueva población aún, pero sí fijarla en pueblos colindantes. Y eso ya es mucho”.
La reciente adquisición del 70% de la empresa neerlandesa Dutch Dryers BV refuerza su vocación internacional. “Llevábamos más de 30 años colaborando con ellos. Ahora, al jubilarse su fundador, vimos claro que teníamos que dar el paso. Si no, el riesgo era demasiado grande”. Mantendrán ambas empresas como entidades independientes, aunque dentro del mismo grupo. “Sus productos y los nuestros ya están interconectados. Era un paso natural”.
Ser finalistas en los Premios CEPYME 2025 por su iniciativa empresarial ha sido, en sus palabras, un reconocimiento inesperado. “No solemos presentarnos a premios. Pero nos animaron desde AIRBE y lo hicimos. Quedamos entre los tres mejores. Y eso, sin buscarlo, te da un empujón enorme”.
Una empresa “atípica”
“Nuestro objetivo no es hacernos ricos”, dice Calvo con rotundidad. “Queremos comer todos los días. Y que nuestros clientes también lo hagan”. Esa idea, heredada del fundador, impregna toda su cultura empresarial. “Vendemos solo lo imprescindible para que la instalación funcione bien. Si al cliente le va bien, a nosotros también”.
Con una plantilla de unos 40 trabajadores entre Pina y Malanquilla, Molinos AFAU combina la eficiencia técnica con un fuerte compromiso social. ¿Qué necesitan para seguir siendo competitivos desde el medio rural? “Mano de obra implicada. Pero para atraerla, hay que hacer más atractivo vivir en estos pueblos. Y eso no depende solo de nosotros”.
Luis Calvo lo resume así: “Nosotros hemos puesto nuestro granito de arena. Pero si queremos que los pueblos no se mueran, hace falta un esfuerzo real, sostenido y compartido”. Y añade: “Yo vivía en Zaragoza. Ahora vivo en Fuentes. Y no me vuelvo”. Una declaración de intenciones que resume, mejor que ninguna otra frase, la filosofía de Molinos AFAU.





