Pedro Avellaned: la mirada negra de un fotógrafo que sigue creando desde Gelsa a los 89 años
En su casa de Gelsa, rodeado de carpetas, negativos y proyectos aún abiertos, Pedro Avellaned sigue trabajando con la misma curiosidad que cuando empezó a experimentar con la fotografía hace más de seis décadas. A sus 89 años, el fotógrafo zaragozano —vecino de Gelsa desde hace más de veinte años— acaba de presentar en el IAACC Pablo Serrano su exposición más personal: “Nigrum”, una propuesta marcada por la introspección, el misterio y el color que ha atravesado toda su vida: el negro.
La muestra pudo visitarse hasta el 15 de marzo en la Sala 94 del museo y reúne una serie de trabajos que dialogan con figuras que han marcado su imaginario: el escritor Edgar Allan Poe, el rebelde judío Simón Bar Ghiora, el artista H. R. Giger o el cineasta David Lynch.
Pero, más allá de los homenajes, la exposición es también una puerta abierta al universo de Avellaned. “Para mí esta exposición es algo muy íntimo”, explica. “No la veo como un reconocimiento. Es más bien una manera de contar cosas que llevo tiempo pensando”.
Un fotógrafo que vive entre sombras
En la hoja de sala de la exposición, el escritor Antón Castro describe a Avellaned como un creador profundamente atraído por “los rincones oscuros del alma y del cuerpo”, un artista que trabaja desde la sombra, el misterio y la inquietud creativa.
El propio fotógrafo reconoce que ese vínculo con la oscuridad le acompaña desde joven.
“Siempre me preguntan por qué visto de negro. Y la verdad es que no lo sé”, cuenta entre risas. “Recuerdo que con veinte años un día me vestí completamente de negro y pensé: ‘Está bien. Para siempre’”.
Ese color se ha convertido también en uno de los ejes de su obra. En sus collages, en sus fotografías y en muchos de sus fondos aparece de forma recurrente. “En fotografía creo que dentro del negro está todo”, afirma.
Nigrum: entre la literatura, el cine y la historia
El recorrido de la exposición se organiza en torno a varias series que dialogan con autores y personajes que han marcado su trayectoria creativa.
Uno de ellos es Edgar Allan Poe, de quien toma el inquietante cuento Berenice. En la muestra, Avellaned recrea esa historia —la obsesión de un hombre por los dientes de una mujer fallecida— a través de esculturas y fotografías sombrías.
Otro de los protagonistas es Simón Bar Ghiora, un líder rebelde de la época romana que murió tras enfrentarse al Imperio.
“Me interesa porque es un hombre que lucha contra lo imposible”, explica Avellaned. “Al final lo llevan a Roma y lo arrojan desde la roca Tarpeya. Es una historia tremenda”.
También aparecen referencias a David Lynch, uno de los cineastas que más le han influido, o al artista suizo H. R. Giger, creador de la estética de Alien. En sus obras inspiradas en Giger, Avellaned trabaja con papel fotográfico caducado y experimenta con químicos, aceptando el azar como parte del proceso creativo.
Todo responde a una idea que preside la entrada de la exposición: una cita del escritor John Berger que resume su forma de entender la imagen: “La imagen tiene que estar colmada, no de parecido, sino de búsqueda”.
Crear para seguir vivo
Pese a su larga trayectoria —más de sesenta años trabajando con la imagen— Avellaned no vive de la nostalgia ni de los archivos. Prefiere seguir creando.
“Podría hacer muchas exposiciones solo con lo que ya tengo hecho”, reconoce. “Pero me gusta trabajar. Me divierte trabajar”.
En su casa de Gelsa guarda carpetas llenas de ideas que quizá nunca llegue a realizar. “Cada carpeta es un proyecto distinto. Probablemente no los haré todos. Necesitaría diez años más de vida”.
Aun así, sigue adelante. Algunas de las piezas de Nigrum se revelaron apenas unos días antes de la inauguración. Para él, las obras solo empiezan a existir de verdad cuando salen al mundo. “Una foto mientras está en casa solo la conozco yo. Cuando se expone, cuando la ve la gente, entonces cobra vida”.
Gelsa como refugio creativo
Aunque su obra se ha expuesto en museos y galerías de distintos lugares del mundo, Avellaned desarrolla su trabajo en la tranquilidad de Gelsa, donde reside desde hace más de dos décadas. Desde allí continúa explorando nuevas ideas, combinando fotografía, collage, objetos y experimentación. A su edad, cuando muchos artistas miran hacia atrás, él sigue mirando hacia dentro. Y también hacia la sombra. Porque, como él mismo dice, “vas cumpliendo años y te das cuenta de que el final se acerca. Y para mí ese final es la nada. Ni siquiera negro: nada”.
Tal vez por eso sigue creando. Porque mientras trabaja, la oscuridad todavía está llena de preguntas.


