Biofeedback: entrenar el cuerpo para regular el estrés sin medicación
En el número 10 de la avenida Tenor Fleta de Zaragoza se encuentra Neuromodulación Zaragoza, la unidad de terapias avanzadas del Centro Médico Psiquiatra Zaragoza. Bajo la dirección del Dr. Daniel Vicente Rivera, este centro sanitario apuesta por una idea clara: escuchar antes de aplicar tecnología. Su equipo, formado por psiquiatras y psicólogos especializados, trabaja con personas que no siempre encuentran respuesta en los tratamientos convencionales. Y lo hacen con una filosofía clara: el tratamiento debe adaptarse a cada persona, no al revés.
En este espacio, la tecnología no sustituye al acompañamiento humano, sino que lo complementa. Su objetivo: ayudar a personas con depresión, ansiedad, TDAH, fibromialgia, acúfenos o trastornos del desarrollo a mejorar sin necesidad de recurrir únicamente a fármacos. La clave está en la neuromodulación, un conjunto de técnicas no invasivas como el biofeedback, el neurofeedback, la estimulación magnética transcraneal (EMT) o la estimulación por corriente directa (tDCS), todas ellas avaladas por la evidencia científica.
Una de las herramientas más utilizadas es el biofeedback, una técnica aún poco conocida por el público general, pero con grandes beneficios. “El biofeedback entrena el sistema nervioso autónomo para que recupere su equilibrio, especialmente entre el sistema simpático y el parasimpático”, explica David Mateo, psicólogo sanitario y coordinador de la unidad. “Medimos parámetros biológicos como la variabilidad de la frecuencia cardíaca, la conductancia de la piel, la temperatura o la actividad muscular para detectar desequilibrios que suelen estar presentes en la ansiedad o la depresión”.
El proceso es claro: primero se evalúa cómo responde el cuerpo ante el estrés y luego se entrena para que la persona pueda autorregularse con técnicas de respiración, atención plena o concentración. “Es como prepararse para una carrera. Si no entrenas, no rindes”, compara Mateo. “Aquí pasa lo mismo: entrenamos el cuerpo para alcanzar un estado de equilibrio que se traduce en salud”.
Desde que empezaron a aplicarlo de forma clínica, Neuromodulación Zaragoza se ha convertido en uno de los centros pioneros en Aragón en este tipo de intervenciones. “Nos visita gente de otras comunidades para formarse con nosotros”, señala Mateo. No es casualidad: alrededor del 70% de los pacientes que acuden lo hacen expresamente para trabajar con biofeedback.
Cada plan de tratamiento es personalizado. Se realizan evaluaciones clínicas y se calcula lo que llaman “frecuencia de resonancia”, una forma de identificar qué tipo de respiración es más beneficiosa para cada organismo. “No se trata de respirar por respirar, sino de encontrar el patrón que mejor funcione en cada caso”, explica.
El número de sesiones varía según el caso, pero siempre con una premisa: la constancia es fundamental. “Es como ir al gimnasio. Si no practicas entre sesiones, pierdes parte del beneficio. Por eso damos pautas para que también se trabaje en casa”, comenta el psicólogo. Y añade: “El profesional guía, pero el trabajo diario lo hace la persona. Esa implicación activa es clave para lograr una mejoría real y duradera”.
Aunque el enfoque es innovador, el mensaje que transmiten es sencillo: se puede mejorar sin depender exclusivamente de la medicación. “No somos anti-medicación, pero creemos que hay margen para ofrecer otras estrategias”, afirma Mateo. “De hecho, en casos graves, combinamos neuromodulación y tratamiento farmacológico con muy buenos resultados”.
El respeto por el ritmo de cada paciente, la escucha activa y el vínculo humano son otros de los pilares de este proyecto, que abre de lunes a viernes con horarios adaptados a quienes trabajan o tienen otras obligaciones. “Cada vez vemos más personas que quieren ser parte activa de su recuperación. El biofeedback les ofrece esa posibilidad sin efectos secundarios, y puede ser útil tanto en casos clínicos como en quienes simplemente quieren mejorar su bienestar, su capacidad de concentración o su rendimiento cognitivo”, concluye Mateo.


