fecha actual

Please make sure that, your allow_url_fopen or cURL is enabled. Also, make sure your API key and location is correct. Verify your location from here https://openweathermap.org/find

El dolor que no duele (a todos): mujeres, salud y una anestesia pendiente

Dolor y mujeres

Cuando una mujer acude a una consulta médica y dice “me duele”, no siempre se le escucha con la misma atención que si fuera un hombre. No lo dice una intuición ni un sentir colectivo. Lo dicen los estudios, los datos y, sobre todo, lo cuentan las propias mujeres. Historias que empiezan con un dolor sordo y acaban en un diagnóstico tardío o en una salida de la consulta con una receta de paracetamol... y poco más.

La medicina moderna arrastra una herencia difícil de ignorar: durante siglos, el cuerpo masculino ha sido el modelo. Lo masculino, lo “universal”. Lo femenino, lo particular, lo complejo, lo emocional. De ahí que muchas dolencias propias de las mujeres —endometriosis, dolor pélvico crónico, migrañas hormonales, entre otras— tarden años en diagnosticarse. Literalmente. Años.

Uno de los ejemplos más llamativos es el del DIU. Colocar o retirar este pequeño dispositivo puede resultar extremadamente doloroso para muchas mujeres, en especial si no han tenido partos. Sin embargo, en la mayoría de centros sanitarios, este procedimiento se realiza sin anestesia o con medidas mínimas para aliviar el dolor. ¿La razón? Que “es rápido” o que “las mujeres lo aguantan bien”. Curiosamente, no ocurre lo mismo con pruebas como una colonoscopia, una extracción dental o una gastroscopia. En esos casos —frecuentes también en hombres— la sedación es casi un estándar.

Esto no va de comparar quién sufre más, sino de preguntarse por qué ciertas formas de dolor están normalizadas. Y por qué otras no. Por qué si duele el estómago hay que aliviarlo, pero si duele el útero “es parte de ser mujer”.

Resulta inevitable plantearse qué pasaría si los procedimientos dolorosos asociados a la salud femenina fueran vividos por hombres. ¿Estarían mejor protocolizados los analgésicos? ¿Se ofrecería anestesia por defecto? ¿Habría más investigación sobre sus efectos? No hay respuestas, pero sí pistas.

La cultura del aguante se ha incrustado en la experiencia sanitaria de muchas mujeres. Aguantar el dolor de la regla. Aguantar el de un parto sin recursos suficientes. Aguantar la incomodidad de una revisión ginecológica que no siempre se explica bien. Aguantar que se dude de tu umbral de dolor. Aguantar que se te recomiende “relajarte”. Y, finalmente, aguantar el silencio médico que deja sin respuesta a síntomas persistentes.

No se trata de dramatizar lo cotidiano. Se trata de mirarlo de frente. De asumir que la equidad sanitaria también pasa por algo tan básico como ofrecer anestesia cuando duele. O por tomarse en serio el dolor que se repite. Porque si duele, hay algo.

Hoy, muchas mujeres aún sienten que su dolor es invisible, que molesta o que no encaja en la agenda médica. Cambiar esto implica revisar protocolos, formar al personal sanitario en perspectiva de género, escuchar con más atención... y creer.

Porque el dolor no es menos real por no verse. Ni menos importante por ser común. Y porque en una sociedad que aspira a ser justa, el derecho a no sufrir debería ser igual de universal que la medicina que lo promete.

Esther Aniento. Periodista. Coordinadora de Zafarache

¿Quiénes somos?

976 179 230

Avda Constitucion, 16
50770 Quinto
Zaragoza (España)

Image

Municipal

Comarca

Instagram