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Raúl Jardiel: “Para mí ir a ver al Quinto era como ver la Champions”

Raúl Jardiel

El entrenador de la SD Huesca y natural de Quinto repasa sus orígenes, su trayectoria y el reto de devolver al club oscense al fútbol profesional.

Quinto no aparece en la trayectoria de Raúl Jardiel como una simple referencia geográfica, sino como parte de su trayectoria futbolística. Él mismo reconoce que buena parte de su esencia como entrenador procede de aquellos años viendo al equipo de su pueblo, donde empezó a jugar al fútbol y a descubrir su pasión por el deporte. Su formación también estuvo ligada a esta vocación: estudió Magisterio en Educación Física, después se licenció en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y completó sus títulos de entrenador. Años después, tras pasar por los banquillos de Brea, Ebro, Teruel, Arenteiro y Espanyol B, entre otros, se ha convertido en el entrenador de la SD Huesca.

Antes de llegar a la cantera de Zaragoza, ¿cómo fueron tus primeros contactos con el fútbol en Quinto? 

Empecé como un niño que iba al colegio en Quinto. Había entonces un entrenador de fútbol sala que se llamaba Javi Abenia y, a través de mi tía, consiguió que fuéramos a entrenar, aunque con gente un poquito más mayor. Ahí me inicié con el equipo de fútbol sala de mi pueblo. Javi era una persona que estaba muy pendiente de nosotros y yo creo que mi primer vínculo con el fútbol y con el deporte fue a través de él.

¿Y cuándo empiezas a darte cuenta de que también te gusta entrenar? 

Pues a ver, me gustaba muchísimo jugar al fútbol. Pero sí que es verdad que, desde muy pequeño, ya a través de este primer entrenador –Javi– y de otro que tuve con 12 o 13 años en el estadio Casablanca –Carlos–, eran entrenadores que, un poco, me marcaron. Nos trataban muy bien, nos hacían sentir bien cuando jugábamos, creo que fueron gente que ya me hizo sentir que eso de entrenar tenía que estar bien.

¿Hay algo que aprendiste viviendo en un pueblo que luego te haya servido para dirigir equipos? 

Bueno, yo soy socio del Quinto desde que nací. No sé si desde que nací, pero con pocos meses me hizo socio mi tía. Y siempre iba a ver el fútbol, iba de recogepelotas, nos daban una Coca-Cola... y yo creo que el pueblo te transmite lo más auténtico del fútbol, que es el jugar por placer. Para mí ir a ver al Quinto era como ver la Champions. Yo disfrutaba viendo al Quinto como el que ahora ve un partido de Champions en su casa, en la tele. Es como un fútbol auténtico, poco profesionalizado, pero a los que lo vivimos nos gustaba. Creo que gran parte de mi esencia como entrenador la he adquirido a base de ver partidos y ver jugar a los más mayores en el pueblo y al Quinto, sinceramente. 

¿Qué te dicen hoy los vecinos y vecinas de Quinto cuando vuelves? 

A ver, yo sigo yendo mucho. Llevo nueve años residiendo en Fuentes, porque mi mujer es de Fuentes, pero prácticamente voy siempre los fines de semana, voy a ver a mis padres y luego también salgo a tomar algo, voy a las piscinas… Y he entrenado a muchísimos niños de quinto, entonces tengo mucho vínculo y un trato muy continuo con la gente de Quinto. Pero bueno, desde que estuve en el fútbol, siempre hay gente que te va siguiendo y te va preguntando “oye, ¿con quién jugabas?” “¿Dónde vas a ir este año?” pero este último verano, con el fichaje del Huesca, te viene más gente a dar la enhorabuena. Muchos me dicen que, aunque sean zaragocistas, quieren que me vaya bien.

¿Cómo vives esa dualidad y rivalidad que existe entre Zaragoza y Huesca? 

Con profesionalidad. Todo mi conocimiento, todas mis preocupaciones, o las máximas, van en el equipo que entreno, que este año es el Huesca. Evidentemente, yo he estado nueve años en el Real Zaragoza, he ido de pequeño también a la Romareda, y también tengo un vínculo con el Zaragoza, como le pasa a mucha gente que conozco. Entonces bueno, con profesionalidad y con naturalidad, y entendiendo que en el fútbol pues hay mucho sentimiento. Es decir, yo quiero que le vaya muy bien al Huesca, pero le deseo todo lo mejor al Real Zaragoza, menos cuando juegue contra nosotros. 

Has trabajado en clubes como el Ebro y el Teruel y ahora estás en el Huesca. ¿Qué diferencias notas en el día a día, especialmente en cuanto a estructura y recursos para trabajar? 

Huesca es un club muy profesionalizado. Porque en los últimos dieciocho años ha estado dieciséis veces de segunda división para arriba. Ese paso por el fútbol profesional ha dejado un legado de instalaciones, de recursos, de ciudad deportiva, del estadio, trabajadores… muy profesional. Se trabaja muy a gusto y sientes que tienes los mismos recursos que un club de máximo nivel, aunque estemos en la tercera categoría de fútbol español. El Ebro y el Teruel también tenían sus recursos profesionales: entrenabas por las mañanas, tenías una instalación para ti y, además, era un salario que ya te permitía vivir del fútbol. Pero aquí ha habido un salto grande en este sentido.

Ahora pasamos a hablar de ti como entrenador, pero antes me gustaría detenerme en César Láinez, una de las personas importantes en tus primeros pasos en los banquillos. Trabajaste a su lado en el Deportivo Aragón, el Zaragoza y el Conquense. ¿Qué aprendiste de él que todavía aplicas hoy como entrenador? 

Evidentemente César es la primera persona que confió en mí. A él lo pusieron de primer entrenador en el filial y dijo: “Quiero que esté conmigo Raúl Jardiel”. Yo en ese momento entrenaba a unos infantiles en el Zaragoza. Él apostó por mí y siento mucho agradecimiento. Yo venía del pueblo, de haber trabajado en Quinto, en Fuentes, en Gelsa, de haber jugado en tercera, y me encontré con un entrenador que conocía el fútbol profesional. Él fue el que me abrió la mirada del fútbol amateur al fútbol profesional como entrenador.

Y centrándonos ahora en tu faceta como entrenador, ¿cómo definirías tu forma de liderar? 

Bueno, por un lado, intento entender que cuando entreno voy a un club que ya funcionaba y existía antes de ir yo y lo seguirá haciendo cuando yo me marche. Es decir, me gusta adaptarme al club y a la ciudad a la que llego. Y, por el otro lado, algo a lo que le doy mucha importancia es a tener muy claro que los jugadores que entreno son personas. Y las personas tienen sentimientos, tienen miedos, tienen dudas, necesitan confianza, necesitan cariño, necesitan exigencia... Me gusta tratar también de entender qué necesitan de mí los jugadores que entreno. Y desde ahí tratar de ayudarles.

¿Qué valores tratas de transmitir a tus jugadores? 

Creo que para mí hay dos valores muy importantes, pero que son muy generales: la ambición y la humildad. La humildad es una palabra muy amplia, pero saber que siempre puedes ser mejor, saber que el de enfrente muchas veces te puede ganar y que tú tienes que seguir te ayuda a ir superando las dificultades que te pone el fútbol. Y, al mismo tiempo, está muy relacionado con la ambición. Porque si eres ambicioso, quieres poner más de ti. Y eso te ayuda a ser mejor. Luego hay otros muchos valores: sentimiento de equipo, superación… pero eso también lo recoge la humildad y la ambición.

Este año ha habido muchos cambios en la plantilla. ¿Qué características buscabas en los jugadores que se han incorporado al equipo? 

Buscábamos, sobre todo, que tuviesen mucha ilusión por venir a este proyecto. Gente con hambre de hacer las cosas muy bien, jugadores que se implicasen con el club y, sobre todo, gente que le dé mucha importancia al trabajo del día a día para poder cumplir el objetivo final, que es intentar recuperar el fútbol profesional para Huesca.

A nivel personal, ¿desconectas alguna vez del fútbol? 

En realidad, para mí ser entrenador de fútbol es mucho más que un trabajo, porque es una pasión que me acompaña desde niño. Para mí, lo único que está por encima del fútbol es mi familia. Es lo que me permite ir recargando las pilas. Siempre tengo el fútbol en la cabeza, pero sí que encuentro momentos en los que, gracias a la gente que quiero, me alejo un poquito del fútbol y eso me permite retomarlo con más fuerza. Pero como me gusta tanto y me apasiona tanto, uno siempre está pendiente del fútbol. 

Después de todo el camino recorrido, ¿qué parte de aquel Raúl Jardiel que empezó en Quinto sigue estando hoy en el entrenador del Huesca? 

La esencia de aquel niño está casi íntegra. Tengo la misma pasión e ilusión por lo que rodea al deporte y al fútbol que entonces. Lo que pasa es que ahora con otra responsabilidad y ya haciendo un trabajo. Lo que a ese niño le encantaba, hoy tengo la suerte de poder seguir haciéndolo de otra manera. Entonces, hay muchas cosas de aquel niño que hoy están en el Raúl que es entrenador. Y además eso me produce una satisfacción vital muy grande.

 

Violeta Gutiérrez

 

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