fecha actual

Please make sure that, your allow_url_fopen or cURL is enabled. Also, make sure your API key and location is correct. Verify your location from here https://openweathermap.org/find

Septiembre no hace milagros

Imagen generada con Inteligencia Artificial.

De septiembre se dicen muchas cosas. Que es el mes de los comienzos. De los buenos propósitos. De volver a empezar. Una especie de enero con mejor temperatura y restos de moreno en los brazos.

Y ahí vamos todos, recién llegados de vacaciones, convencidos de que esta vez sí. Que en septiembre vamos a organizarnos mejor, comer más sano, hacer deporte tres veces por semana, leer antes de dormir, beber dos litros de agua, llamar más a nuestros padres, quedar con los amigos, gastar menos, aprender inglés y dejar de mirar el móvil como idiotas cada treinta segundos.

Todo eso, además, mientras trabajamos, ponemos lavadoras y tratamos de recordar a qué hora sale cada niño del colegio.

Porque llega septiembre y, con él, la vuelta al cole. Las mochilas nuevas, los libros forrados, los grupos de WhatsApp que resucitan y ese maravilloso momento en el que descubres que una actividad extraescolar empieza a las cinco y otra, en la otra punta, a las cinco y cuarto. Vuelve también el despertador. El táper. Las prisas. El «venga, que llegamos tarde». El tráfico. Los horarios escritos en la nevera y esa sensación de que alguien ha decidido que un día siga teniendo 24 horas solo para fastidiarnos.

Y en medio de todo eso se supone que tenemos que convertirnos en nuestra mejor versión.

A mí lo de «mi mejor versión» siempre me ha dado un poco de miedo. Sobre todo porque mi mejor versión parece ser una señora -o chica, que a mí lo de verme a mí misma como una señora me sigue costando- que se levanta a las seis de la mañana descansada, hace yoga, desayuna semillas, lee veinte páginas de un libro, tiene la casa recogida, llega pronto a todas partes y todavía encuentra tiempo por la noche para ver esa serie que todo el mundo ha visto menos yo.

No conozco personalmente a esa señora (perdón, a esa chica).

Yo me levanto cuando suena el despertador pensando que cinco minutos más pueden arreglarme la vida, salgo de casa buscando las llaves y hay días en los que llego a la noche orgullosa simplemente porque he conseguido acordarme de todo lo importante.

Y creo que ya va siendo hora de reconocer que eso también cuenta.

Nos hemos acostumbrado a vivir rodeados de mensajes que nos recuerdan constantemente todo lo que podríamos hacer mejor. Podríamos estar más delgados, más fuertes, más formados, más presentes, más informados, más relajados y, por supuesto, ser mejores padres, mejores hijos, mejores amigos y mejores trabajadores.

Hay aplicaciones para medir los pasos que no damos, relojes que nos avisan de que dormimos fatal y redes sociales llenas de gente que parece haber encontrado tiempo para correr diez kilómetros antes de que nosotros hayamos conseguido localizar el segundo calcetín.

Y luego está la culpa.

La culpa por no ir al gimnasio que estamos pagando. Por no haber leído los libros que compramos. Por pedir una pizza cuando habíamos decidido cenar verdura. Por no llamar a esa persona a la que llevamos tres semanas diciendo «a ver si hablamos». Por llegar agotados al viernes y no tener ninguna gana de aprovechar el fin de semana.

Como si descansar fuera desperdiciar el tiempo.

Quizá el propósito más sensato para este septiembre sea precisamente dejar de proponernos tantas cosas.

No digo que haya que renunciar a intentar mejorar. Faltaría más. Yo también tengo libros pendientes, cosas que quiero aprender y unas zapatillas deportivas que esperan pacientemente que algún día vuelva a acordarme de ellas. Tener proyectos y ganas es una buena señal. Significa que todavía esperamos cosas de nosotros mismos.

Pero entre esperar algo de uno mismo y vivir permanentemente decepcionado porque no llegamos a todo hay una distancia considerable.

A veces avanzar será apuntarse a inglés. Y otras veces será borrarse.

A veces será empezar a correr. Y otras llegar a casa, ponerse el pijama a las siete de la tarde y no sentirse culpable por ello.

A veces habrá que decir que sí. Y muchas otras aprender a decir que no. También a uno mismo.

Porque septiembre no tiene poderes especiales. El 1 de septiembre no se abre ningún portal mágico que añada seis horas a nuestros días ni nos convierte de repente en personas disciplinadas, descansadas y con los cajones ordenados. Solo hemos cambiado de página en el calendario.

Seguiremos teniendo trabajo. Facturas. Niños que llevar de un sitio a otro. Padres que empiezan a necesitarnos. Amigos a los que vemos menos de lo que querríamos. Imprevistos. Días buenos y días de mierda.

Y seguiremos dejando libros sin leer, películas sin ver, viajes pendientes y cafés que llevan meses esperando fecha.

Menos mal.

Porque quizá tampoco estaría bien llegar algún día al final de la lista.

Así que este septiembre voy a intentar algo bastante menos ambicioso que convertirme en mi mejor versión. Me conformo con no tratar a la que ya soy como si estuviera siempre llegando tarde a alguna parte.

Quizá ese sea, al final, el único propósito que de verdad merece la pena.

Esther Aniento. Periodista. Coordinadora de Zafarache.

¿Quiénes somos?

976 179 230

Avda Constitucion, 16
50770 Quinto
Zaragoza (España)

Image

Municipal

Comarca

Instagram